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DIÁLOGO CON JULIÁN GORODISCHER, SOBRE LOS REALITY SHOWS

"Es el género del siglo XXI"

Tienen éxito en todo el mundo, con un formato calcado. Sin embargo, en la Argentina pasaron de ser relatos de la nada, a congregar multitudes en su versión de búsqueda de talentos. En una charla con el especialista en televisión Julián Gorodischer, y a través de un recorrido por sus artículos publicados en Página/12, Segundo Enfoque intenta hallar sentido a un programa televisivo, del que Gorodischer sostiene: “Yo creo que no tiene fecha de vencimiento”.

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

Durante el año 2001, la pantalla chica argentina se pobló de reality shows. Es decir, de grupos de jóvenes en convivencia dentro de una casa, a la espera del voto del televidente que por primera vez miraba la “vida cotidiana” en un programa de televisión, sin interrupciones. El televidente gozaba al ver “la vida en directo”. “Gran Hermano” había aterrizado en la grilla de Telefé, con debates y ediciones especiales a toda hora. “El Bar”, por América TV, agregaba a los participantes –jóvenes y siempre al borde del desenfado sexual- la misión de llevar adelante el funcionamiento de un local bailable. 
Mientras el país se encaminaba al desenlace de diciembre, algunos muchachos y muchachas no se enteraban de los saqueos, de las movilizaciones, ni de las muertes. El año despedía de esa manera el debut del fenómeno “reality” en nuestro país, tan exitoso en audiencia como en todos los países donde se había desparramado.
Al año siguiente, continuó. Con menos repercusión. La saturación y el menor rating derivó en un nuevo concepto de los reality shows: la competencia y el intento por “ser alguien”, por convertirse en estrella musical, en crack de fútbol o en una modelo top.
“Popstars” ya parió dos grupos cortados por la misma tijera, con diferencia genital (Bandana, la versión femenina, y Mambrú, compuesto por hombres). “Camino a la gloria” convocó más de 12 mil adolescentes ilusionados con ser elegidos para tener una chance de probarse en el gigante del fútbol español, el Real Madrid. “SuperM 20/02”, hizo desfilar a aspirantes a Dolores Barreiro para escoger ante la vista del público, la nueva dueña de las pasarelas. Y este año, insiste en hacerlo otra vez.
Y además, ya están empezando dos modelos gemelos de academias de músicos, que son el clímax de la búsqueda de un lugar en el mundo de los famosos. Se trata de “Operación Triunfo”, un formato importado de España, y de “Escalera a la fama”, un pariente argentino de iguales características. Es más, uno está auspiciado por Coca Cola, y el otro por Pepsi. Multitudes esperaron al calor en pleno centro de Buenos Aires, a la espera de un sueño.
Julián Gorodischer ha escrito sobre esta evolución de lo que llama “el género de masas del siglo XXI”. Él es periodista especializado en televisión, que publica sus artículos en el diario argentino Página/12. Desde esas páginas, Gorodischer ha dado cuenta del significado que tienen estos programas en el país del desempleo y la miseria, rico en un valor siempre redituable: el esfuerzo, la esperanza.
¿Qué significado tiene el paso de los reality shows con gente “haciendo nada”, al casting permanente, a la vista de todos, con la mira puesta en objetivo profesional o artístico?
Al principio parecía que todo era la mera estadía. “Gran Hermano” o “El Bar” eran ‘estar ahí para mostrarse’ y nada más. Después empezaron los reality con metas profesionales. O sea “SuperM 20/03”, “Camino a la Gloria”, “Popstars”. Como que “la nueva Argentina” ya no se permitía mirar a los participantes echados sino que necesitaba ofrecerlos como una alternativa productiva, como si fuera el único lugar donde todavía se puede conseguir trabajo, hacer una carrera, realizarse.
A fines de febrero hubo 10 mil personas en la primera convocatoria de “Escalera a la fama” y 40 mil en la de “Operación triunfo” ¿Cómo se explican las multitudes que hacen días de cola para rendir “la prueba de su vida”?
Yo recorrí varias de esas colas, entrevistándolos. Me pareció que es un gran retrato de la miseria del país. Lo que más se ve en esas enormes colas para los castings es la desesperación del que apela a esa alternativa como descarte. He visto micros llegando desde el conurbano, hay gente que viene desde las provincias, que duerme en las calles. O sea, más que la fama o la aparición en la televisión, a mí me parece que lo que una gran mayoría busca es trabajo. O algunos ni siquiera trabajo, sino la posibilidad de poder comer o de tener un ingreso aunque sea básico. Después, por supuesto, hay una gran proporción de buscadores de fama, que hoy es un valor que cotiza y muy alto, más que cualquier otra cosa. Inclusive “Escalera a la Fama”, ya lo legitima desde el título. Ya no es la propuesta de hacer una carrera o de realizar una vocación, sino simplemente aparecer para “ser famoso”, hoy en día la tele propone eso y es un valor que está muy en alza.
Son formatos provenientes de distintas partes del mundo: ¿producen el mismo impacto en todos los países donde se realizan?
Tengo entendido que el formato de “Popstars” es australiano. El formato “Operación Triunfo” es español, y “Escalera a la Fama” me parece que es un formato local. Pero bueno, la esencia es la misma en todos. Me parece que en otras partes del mundo no convoca tanta gente a los castings. Sí tienen éxito. Los castings de “Popstars”, son instancias altamente dramáticas, y a la tele le encanta mostrar eso. Y al espectador le encanta seguir estas etapas de eliminación y de logro que son la esencia de una narración dramática. Estar ahí, observando si pasa o no pasa, si se queda afuera o se queda adentro, si alguien se realiza, o no, son como nudos clásicos de toda narración dramática. El reality toma lo mejor de la ficción en ese caso, deja intriga, misterio, la posibilidad de poder estar agarrado a una trama y esperar un desenlace. A mí me parece que el reality en eso es muy logrado.
¿Cuál es el negocio alrededor de la búsqueda de trabajo y fama que atrae tanta cantidad de participantes?
El negocio es el mejor negocio que se ha generado en los últimos años, y más en la Argentina, donde no existe ya el concepto de negocio de televisión y discográfico. Es una alianza impresionante entre las discográficas y la tele. Es vender discos, llegar a un doble disco de platino en dos días como en el caso de Mambrú o Bandana, y hacer un programa que supera los 20 puntos de rating. Estoy hablando del caso “Popstars”. Lo que está haciendo la tele es promover la venta de discos. Encontraron tele y discográficas, la alianza perfecta, al punto de que ya están lanzando a cualquiera. Es tal la influencia que logra el programa para la venta de discos que irradia no solo a los grupos que salen, sino a los jurados y ahora hay que ver qué más van a lanzar, por ahí al productor que se pone a cantar. Parece que la única manera de generar hoy un éxito comercial es a través de un programa de televisión.
¿Qué puede ocurrir con los reality shows en el futuro? ¿Se van a extinguir?

Yo creo que no tienen fecha de vencimiento. Creo que el reality es el género del siglo XXI. Nació con el siglo, se consolidó con el siglo y creo que ya está, ya legitimó sus raíces como lo hizo en su momento la telenovela, el noticiero. De esto hablan también las enormes variantes que hay, que todavía no llegaron a la Argentina: los reality crueles, los reality muy especializados. Me parece que es un género que va a ir variando, se va a ir diversificando, va ir subiendo y bajando, pero no creo que caduque porque el interés dramático lo tiene, la posibilidad de tener enormes variaciones la tiene. Incluso yo me resisto a decirles “tele-basura” o que son un genero menor. Es un espectáculo y a la tele le interesa eso y lo va a mantener.
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