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NÉSTOR GARCÍA CANCLINI Y LAS REPERCUSIONES CULTURALES DEL ALCA

"La región perderá capacidad de expresión"  

Segundo Enfoque entrevistó en exclusivo al antropólogo y filósofo argentino radicado en México, especialista en estudios culturales en Latinoamérica. Las sucesivas discusiones acerca de las ventajas o desventajas de una zona de libre comercio para América, alejan el debate del legado que dejaría en las diversidades del continente. “El predominio de CNN y de MTV, como actores de información y comunicación, se vería mucho más impulsado con esta liberalización extrema que pretende el ALCA”, advierte García Canclini.

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

La idea de que en 2005 todos los aranceles comerciales caigan en el continente americano ha dado lugar a reuniones de Ministros de Comercio y vicecancilleres y a Cumbres de las Américas, con los más altos funcionarios de la región. Las discusiones giran en torno a porcentajes que restringen o facilitan la entrada y salida de mercancías y capitales. Sin embargo, no se habla del impacto que en la cultura latinoamericana puede producir la concreción del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
En economías regidas por las recetas neoliberales, la liberalización comercial de Alaska hasta Tierra del Fuego fue promovida por los gobiernos de Estados Unidos desde principios de la década del 90 como un requisito más que debían –deben- cumplir los países alineados.
La impregnación del pensamiento único en las industrias culturales pareció comenzar con la oleada de capitales europeos en los 90. ¿Puede ser el ALCA una situación similar?
El ALCA, por lo que vemos hasta ahora, es una profundización dramática de la política de destrucción de los mercados y de los niveles de vida de América Latina, impulsada por el neoliberalismo de principios desde los ochenta. También es un intento de Estados Unidos de disputar el papel creciente que capitales españoles y de otros países europeos han llegado a tener en varios países de latinoamericanos. Desde 1999, en Argentina, el principal inversor es España, desplazando a Estados Unidos. En Brasil es el segundo, pese a la diferencia lingüística.

¿Considera que el ALCA tiene una finalidad cultural?

No es un objetivo directo. El ALCA busca expandir las inversiones y favorecer el control de empresas trasnacionales con sede en Estados Unidos sobre los mercados de la región. Los mayores conflictos que están surgiendo son con relación a la desprotección de la agricultura en América Latina. Es una desprotección que Estados Unidos propicia para imponer sus productos y sus condiciones. Y a su vez esto lo hace sin levantar sus propios subsidios a su producción agrícola. El ALCA tiene repercusiones culturales, porque influye sobre las culturas tradicionales ligadas al campo, sobre las formas de organización del comercio y de la vida cotidiana en los países latinoamericanos. Sin embargo, hay otras finalidades más escondidas, que tienen que ver con las industrias culturales y que son resultado de la absoluta liberación del comercio y de las inversiones de los Estados Unidos en los campos de la industria cultural. Generalmente, esto no se trata, no aparece en la agenda pero queda incluido, como ya se vio en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, cuando se negocia la liberalización de servicios y telecomunicaciones.

¿Cuáles serían los principales provechos que Estados Unidos obtendría desde el punto de vista cultural, si finalmente se concretara el ALCA?

Por un lado, conseguiría imponer privilegiadamente la producción industrial de cultura que tiene sede en Estados Unidos. No toda es cultura estadounidense, si es que tal cosa existe. No hay que olvidarse de que los estudios Universal, en Hollywood, han sido comprados por capitales japoneses. Los capitales japoneses y españoles tienen también mucha influencia en la producción audiovisual en Miami. Estados Unidos ya cuenta con condiciones preferenciales por su mayor desarrollo en el cine, la música y la televisión. Si a eso se agrega, la imposición cada vez más extendida de su concepción empresarial de la propiedad intelectual y de los derechos de autor, las ganancias de la producción cultural en América Latina, que son crecientes como en casi toda la producción musical y de otros rubros en el campo hispanohablante, quedarían en manos de capitales estadounidenses y trasnacionales ajenos a la región.

Y por otra parte, ¿de qué manera impactaría sobre Latinoamérica?

La región perderá capacidad de expresión, de comunicación y de gestión de las propias producciones latinoamericanas. Se perdería el control de la información sobre América Latina y sobre el mundo, y de la incorporación de la producción cultural de América Latina en los circuitos continentales y globalizados. Esto ya está ocurriendo con la enajenación de radiofrecuencias, de circuitos comunicacionales latinoamericanos, o con la asociación muy subordinada de algunos circuitos de radiodifusión a capitales trasnacionales, no sólo estadounidenses, también españoles, de otros orígenes. El predominio de CNN y de MTV, como actores de información y comunicación, se vería mucho más impulsado con esta liberalización extrema que pretende el ALCA.
Estamos hablando del riesgo de perder el patrimonio cultural. ¿Es un bien estratégico?
Es fundamental. Tanto el patrimonio tangible como el intangible. A veces cuando hablamos de patrimonio cultural solo se está pensando en los monumentos, en las pirámides, o en los hechos arqueológicos. Los trabajos de especialistas de la UNESCO, entre otros, llaman mucho la atención en los últimos años sobre el enorme recurso cultural y económico que significa el patrimonio intangible. Hay una frase de Jeremy Rifkin, que yo he tomado en mi libro Latinoamericanos buscando un lugar en este siglo, que me parece clave. Dice que en las radiofrecuencias, en el espectro electromagnético, transcurre cada vez más comunicación y actividad comercial. En la era de las comunicaciones inalámbricas, ese espectro ha pasado a ser decisivo para controlar las sociedades, para controlar las ganancias que se obtienen a través de teléfonos, Internet, radio, televisión, etc. De manera que, una política de preservación y de uso endógeno del patrimonio de los países latinoamericanos, requeriría actualizar la legislación para incluir no sólo el patrimonio tangible, sino también estas formas novedosas de patrimonio intangible.
El ALCA, ¿pone en juego la identidad de los pueblos latinoamericanos? ¿Se uniformarán las identidades?
Me parece que ese no es el problema principal. América Latina incluye una gran diversidad lingüística y cultural, de larga duración. El hecho mismo de que quinientos años de sometimiento o subordinación de los pueblos indígenas no haya eliminado las cuatrocientas lenguas que siguen hablándose en la región, y de que el predominio fuerte del inglés en algunas elites no haya eliminado a la música en español, muestra una dinámica de continuidad, pese a las condiciones desfavorables, de la producción latinoamericana. El problema, a mi manera de ver, no es que vayan a obligarnos a todos a estudiar y a leer inglés, sino que la privatización y transnacionalización de recursos de producción cultural puede dejarnos sin micrófonos, sin editoriales, o con un cine muy depreciado, muy arrinconado.

Poner freno

Pánico a la intervención del Estado, desregulación y apertura de las economías fueron los “carnets” de buenos alumnos que se mostraron en América Latina en los últimos tiempos. Uno de los sectores, menos inundados todavía de capitales extranjeros fue, sin embargo, el de las industrias culturales. Los Estados, reducidos durante el auge del neoliberalismo a mínimas expresiones burocráticas, pueden todavía reaccionar para defender su cultura.
¿Qué medidas se pueden tomar para proteger las producciones culturales latinoamericanas?
Me parece bien colocarlo en términos de proteger las producciones más que la identidad. Más que preservar una identidad embalsamada, se trata de desarrollar condiciones económicas e institucionales para que la producción cultural endógena de los países latinoamericanos encuentre la forma de seguirse produciendo y comunicando. Creo que hay varias acciones importantes. Una es identificar cuáles son las áreas estratégicas del desarrollo en este momento –2002- que no son las mismas que cuando no existía Internet o cuando las radiofrecuencias electromagnéticas no tenían el peso que tienen hoy. Otra es desarrollar políticas socioculturales que promuevan el avance tecnológico, y garanticen el avance sociocultural de las sociedades, y la participación democrática de los ciudadanos. Luego, reubicar las políticas culturales en esas áreas de desarrollo endógeno. Lo poco que se hace en políticas culturales en América Latina sigue estando concentrado en las artes, en campos culturales que pierden públicos o sectores que son muy minoritarios. Por su puesto, hay que seguir apoyando la producción editorial, de la música culta, las formas más clásicas de producción cultural. Pero también tenemos que expandir políticas propias en los campos estratégicos que son, sobre todo, los de las industrias culturales y los medios masivos de comunicación. El objetivo principal es cultivar, proteger legalmente la diversidad latinoamericana, situándola de un modo más creativo en la variedad de tendencias que contienen la globalización.

¿Existen países latinoamericanos que hayan encarado esa protección, en estos momentos?

No han faltado iniciativas en algunos países: las leyes del cine, de mecenazgo, de protección editorial en Argentina, en Brasil, en México, en Colombia son avances significativos y muestran que hay una mayor sensibilidad de los parlamentos, o de algunos sectores políticos hacia este campo. Sabemos que estas iniciativas legales han estado trabadas por cabildeos, lobbies internacionales y también por la propia descomposición interna y por las propias mezquindades de algunos grupos partidarios en esos mismos países.
Analizando la avanzada por el ALCA de estos días, ¿qué ocurrió en Europa cuando se fue conformando la Unión Europea (UE)? ¿Desarrollaron los países miembros políticas de protección de sus industrias culturales?
Junto con la formación de la Unión Europea, se desarrollaron coproducciones en programas de cine y en televisión, en programas como Euroimages y Media También se estableció en algunos países de la UE un tiempo preferente para el cine europeo. No sólo para el cine nacional, sino con un sentido continental de región. Y hubo también tiempo preferente en televisión, o subsidios a la producción editorial, para favorecer a las producciones francesas, o a las producciones en otras lenguas europeas, o las traducciones. En este sentido, vemos una diferencia enorme entre el proyecto sociocultural que acompañó y que está acompañando la liberalización comercial europea, y un proyecto como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que se reduce a un simple descenso de aranceles en algunos campos, y luego trae efectos ocultos en el ámbito cultural. No es sólo una comparación que tengamos que hacer entre la UE y América Latina. Estados Unidos protege también mediante subsidios directos e indirectos su producción cultural. Canadá da tiempos preferenciales en televisión a su cine. Esto no ha desaparecido, entonces no tienen porqué pedirnos que eliminemos nuestras propias políticas no sólo de protección, sino de impulso a nuestra producción cultural.
¿Cuál debería ser la actitud de los gobiernos latinoamericanos frente al llamado de Estados Unidos de alinearse tanto en las decisiones políticas como económicas? Para proteger las producciones culturales, ¿hay que alejarse de aquél país?
Estados Unidos, al mismo tiempo que promueve las reuniones preparatorias del ALCA, pretende que los países latinoamericanos lo acompañen en la aventura prepotente y disparatada en Irak. Es importante que los gobiernos latinoamericanos puedan resistir –como el mexicano y el brasileño en las últimas semanas- estas aventuras expansivas y torpes de EEUU.
Pero también habría que mencionar otro aspecto en el cual estamos muy débiles los latinoamericanos. Requerimos estudios actualizados sobre la integración multimedia de todos los campos audiovisuales y su articulación en las radiofrecuencias, lo cual supone no sólo tener políticas culturales en los sentidos más tradicionales, sino tener políticas de gestión en teléfonos, en circuitos informáticos que hoy sabemos son decisivos para hacer posible o impedir la circulación de información y entretenimientos. Para esto habría que jerarquizar los Ministerios de Cultura en América Latina: triplicar su presupuesto, calificar su personal, promover acuerdos de coproducción y legislación regional e integrada que garantice la posibilidad de que desarrollemos políticas culturales.
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