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AUTOABASTECIMIENTO DE ALIMENTOS

El regreso de las granjas

Por Jesica Bossi

Muchas manos en un plato hacen mucho garabato. ¿Será por eso que las manos que tienen bajo su poder los campos argentinos son cada vez menos? A pesar de la mutación del modelo de producción agroindustrial, la coronación de la soja como la reina de las pampas, y de las bondades de la ciencia, los alimentos producidos por la tierra no llegan a todos los argentinos.
En un camino paralelo, desde algunos sectores de la sociedad se impulsa la autoproducción de alimentos. Uno de los programas de seguridad alimentaria dirigido a la población en situación de pobreza que se desarrolla desde 1990 es el Pro-Huerta, cuya ejecución técnico-operativa está a cargo del  Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). El objetivo es la obtención de alimentos frescos mediante la realización de huertas y granjas de autoconsumo a nivel familiar, escolar, comunitario e institucional. El Pro-Huerta, según las últimas estimaciones, facilita la autoproducción de alimentos en todo el país a 2 millones 500 mil personas mediante 400 mil huertas y granjas familiares, más de 5 mil huertas escolares y 2 mil comunitarias.
Para Walter Pengue, ingeniero agrónomo y especialista en políticas ambientales, éstos son modelos de producción agroecológicos que generan comestibles de calidad y sanidad indiscutibles.
¿Considera que esta forma de autoproducción es solamente una respuesta a la crisis o que debería imponerse como modo de producción hegemónico?

Frente a la crisis de principios de los años 90, donde la gente comienza a perder su trabajo, comienza a perder esa estabilidad económica que le permitía por lo menos comprar sus alimentos, aparece el Pro-Huerta. El Pro-Huerta crece de la misma manera casi exponencial que como crece la soja en la Argentina. Y el Pro-Huerta se desarrolla como una respuesta a esta crisis. Es una crisis por la cual desde principios de la década de los noventa, las personas no tenían acceso a ciertos alimentos y el Pro-Huerta le da el autoabastecimiento de la mano de un sistema de producción que se conoce como producción agro-ecológica, o producción orgánica, es decir un sistema que no depende casi para nada de ningún insumo externo especialmente agroquímicos, del que sí depende específicamente la soja como cultivo, que tiene una enorme carga de agroquímicos, que es terrible para las cuestiones del medioambiente. Y por el otro lado un sistema como el Pro-Huerta, que permite auto-producción y seguridad alimentaria, que es lo que sostuvo para 3 millones de personas la posibilidad de seguir comiendo.
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