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ENTREVISTA CON FERNANDO KRICHMAR

Los reinventores del "docfic"

Es uno de los exponentes que desde el Grupo de Cine Insurgente refleja el renacer del cine comprometido con posturas políticas. Con varios trabajos exhibidos en el Festival de Cine de Berlín en febrero último, reflexiona sobre el séptimo arte desde y para los de abajo.

Por Jairo Straccia

Actualmente da clases en la carrera de director de la Escuela Internacional de Cine, en San Antonio de los Baños (Cuba). Es bien conocido, sin embargo, por sus obras de “docfic”, algunas de las cuales han dado la vuelta al mundo. Integra el Grupo de Cine Insurgente, uno de los conjuntos productores de cine por fuera del mercado dominante, que han resucitado una experiencia transitada en Argentina por Fernando Birri, Fernando “Pino” Solanas y Octavio Gettino.
¿Qué es el cine para usted? ¿Cómo incursionó en él?
Mi experiencia como director comienza con “Hermanados con la Muerte” (1993), un documental colectivo sobre la vida y las luchas de los trabajadores del Cementerio Municipal de Rosario. Mi interés por el cine es desde siempre (siempre fui muy cinéfilo, enfermedad que solo me curé haciendo cine). Sentía la necesidad de hacer algo que me conectara más con lo social ya que desde siempre tuve inquietudes políticas y sociales. Creía que el cine y la imagen audiovisual (especialmente en su formato televisivo) es uno de los más grandes aparatos de subjetividad que tiene el poder para mantener su dominación y transmitir y reproducir sus valores. Creía que tenía que organizar un colectivo audiovisual y dar una respuesta a esta situación y retomar la rica tradición militante de los 70 en la que los oprimidos tuvieron una imagen propia y no alienada. Ya en los primeros trabajos estaba el germen de lo que después fue el Grupo de Cine Insurgente.
¿Cómo nace lo que hoy se conoce como Grupo de Cine Insurgente?
El segundo trabajo que realizo en el 94 es “Tarjeta Roja”, sobre el intento de desalojo por parte de la municipalidad menemista de la villa de Retiro (evitado por la resistencia popular).
En el 95 empiezo la producción de “L´hachumyajay” (“nuestra manera de hacer las cosas”, en el idioma de la etnia wichi del Gran Chaco) a partir de una convocatoria del dirigente indigenista Agustín “Bocha” Fernández. En este largo de 62 minutos, los indios del Chaco salteño muestran su vida, sus tradiciones y sus luchas sin la participación de la voz en off tan tradicional en el género documental (esta innovación sería retomada luego por muchas de las producciones posteriores). La proyección de esta película en las comunidades me estimuló a tratar de formar el grupo cuya primera producción vería la luz dos años después con “La Resistencia”, una crónica de los primeros cortes de ruta en La Matanza durante el único paro de la CGT en 1997, intercalado con la marcha de la resistencia de las Madres ese año. Este corto lo filmamos desde adentro (salimos con los piqueteros desde sus casas) y con ellos enfrentamos a la policía al iniciar el corte, y con ellos fuimos duramente reprimidos. La exhibición del montaje posterior nos demostró que no estábamos errados en nuestro proyecto de un cine por fuera de los circuitos comerciales. Con un cine a seis dólares, la mayoría del país quedaba excluida de las salas y trabajar para aquellos pasibles de ser convertidos en consumidores no era la idea sino originar un circuito alternativo que sirviera como espacio dialéctico de lucha por una subjetividad popular y lugar de apropiación de la técnica por aquellos que la podían transformar en una herramienta que genere acciones liberadoras.
Esa película fue el origen del grupo, que hoy está formado por quince compañeros con colaboradores en varias provincias y países. El próximo trabajo -“Diablo, Familia y Propiedad”- fue el espaldarazo definitivo, logramos tenerlo en cartel más de cinco semanas y a partir de su visión por un grupo de (la agrupación) H.I.J.O.S. organizamos un escrache conjunto a Nelly Arrieta de Blaquier, una de las dueñas del ingenio Ledesma, responsable en junio del ‘76 del episodio conocido como “la noche del apagón” en la que el Ejército con camionetas del ingenio secuestró a 400 compañeros de los cuales 33 no aparecieron nunca más.
Hay varias otras agrupaciones como la suya que han surgido en los últimos tiempos. ¿Es un proceso propio de la Argentina, o se expande por América Latina? ¿A qué responde?
Es un proceso mundial, aunque en Argentina tiene un peso especial, tal vez comprensible desde el auge de luchas que se generalizó a la par de que se aplicaba la política más entreguista de la historia. Fue clave en esto el abaratamiento de la tecnología y el cuello de botella que significa miles de compañeros estudiando técnica cinematográfica en una industria que no da respuestas a nivel laboral (como se da en casi todas las ramas de la producción). En el mundo también se dio este proceso de la mano de la lucha antiglobalización y el auge de Internet.
¿Para qué sirven los filmes que producen?
Sirven para devolverle a nuestro heroico pueblo una imagen desalienada de sí mismo, para generar debate, para promover acciones, para tratar de romper el cerco mediático que llama a la inacción y que quiere hacernos creer que entre la casta política hay algún mal menor.
¿Cuál es el espectador en el que piensan cuando crean sus producciones?
Cada producción tiene un destinatario, a veces es el que ya está en la lucha y otras el que puede emprenderla. Siempre una producción audiovisual genera un efecto en el espectador. Nosotros tratamos de ser honestos y permitir que el receptor también se convierta en emisor, rechazamos el mensaje unidireccional e idiotizante de los medios del poder.
¿Cuál es el criterio para elegir los temas que quieren abordar en sus trabajos? ¿Sólo hacen documentales o también hacen ficción?
Hacemos “docfic”, categoría inventada por el viejo (Fernando) Birri y con la que nos sentimos identificados. En un país como el nuestro, los temas se te imponen ya que la realidad siempre está , en el buen y en el mal sentido, superando a la ficción.
¿Piensan que están sucediendo al "cine político" o "cine militante" de los 60s y 70s, hablo de Cine de Liberación y de Cine de la Base?
No sólo nos sentimos continuadores de estos heroicos compañeros (en especial del gran Raymundo Gleyzer), sino que el propio Birri después de ver nuestros materiales nos confesó que sentía que su prédica no había sido vana y que ya había un movimiento (que nos excede como grupo y como individuos) que había retomado la posta.
¿Qué puntos tienen en común, y cuáles son las diferencias, respecto de esos movimientos?
En común tenemos el compromiso con el pueblo, en lo formal tratamos de ser menos bajadores de línea ya que tenemos muchísimas menos certezas. Tratamos además de generar colectivos de colectivos como ADOC o Argentina Arde, para tratar de superar el sectarismo que tanto daño le hizo a la revolución en la Argentina.
Entonces, no hay duda de que el cine es una herramienta política...
Obviamente que sí, empezando por el cine de Hollywood, más allá de la poderosa herramienta de dominación cultural que haya inventado el hombre.
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Luz y cámara para la acción

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