|
PANORAMA
DE SUDAMÉRICA
Los
retos del Cono Sur
El cambio de nombres, ideas y expectativas que surcó la región en los
últimos tiempos, tendrá su prueba de fuego en 2004. La
gigante deuda externa, la desigualdad, el desempleo y la
pobreza son temas improrrogables. ¿Qué política adoptarán
los nuevos gobiernos de centroizquierda? ¿Coincidirán las
decisiones económicas con las palabras de los discursos
alternativos?
Por
Jesica Bossi
jbossi@segundoenfoque.com.ar
En 2002 comenzaba a hablarse de un giro en el subcontinente.
Los referentes de la derecha advertían sobre el retorno del
populismo, mientras que desde sectores progresistas y de la
izquierda avizoraban la posibilidad de una transformación en
el rumbo político y económico.
En ese contexto, los últimos dos años fueron electorales. Se
produjo, en la mayor parte de la región, un recambio de jefes
de Estado, parlamentarios y funcionarios provinciales y
municipales. En contraposición, en 2004 sólo se concretará
una elección presidencial y legislativa a la vez, en Uruguay.
En los albores del año pasado, los presidentes de Ecuador,
Lucio Gutiérrez, y de Brasil, Luis Inácio Da Silva, eran
contemplados como los adalides de un proyecto alternativo
(temerario, para unos, esperanzador, para otros), junto con el
mandatario venezolano Hugo Chávez, en el gobierno desde 1999.
Sin embargo, las administraciones asumidas en 2003 han sido
criticadas desde sus propias bases de apoyo, y elogiadas por
sus antiguos denostadores.
En Ecuador, “Lucho”, como lo apodan al ex coronel Gutiérrez,
ya no cuenta con el sustento del movimiento indígena
Pachakutik que lo acompañó en su escalada al poder. Tampoco
su relación con Chávez, con quien había entablado una
alianza estratégica, goza de un buen momento.
Por su parte, Lula también ha sido cuestionado por sus pares
del Partido de los Trabajadores (PT). La gestión del
sindicalista combativo devenido en presidente de la potencia
de Sudamérica, estuvo teñida de ortodoxia económica:
ajuste, impulso a la reforma previsional y tributaria, altas
tasas de interés, entre otras medidas.
Desde la intelectualidad de izquierda, asimismo, hubo
reprobaciones de algunas decisiones tomadas por el líder
brasileño. En ese sentido, en una entrevista publicada en el
diario Clarín, el
sociólogo Emir Sader sostiene que lo peor de Lula es su
“discurso desmovilizador”.[i]
Sobre la política económica afirma: “No creo que el plan
cambie en 2004. Se continúa con lo de (Fernando
Henrique) Cardoso y un ajuste fiscal mayor (...) Eso
impide atender lo social y el crecimiento”. Por otro lado,
el investigador del Consejo Latinoamericano de Ciencias
Sociales (CLACSO) considera que Da Silva todavía mantiene una
base de apoyo social significativa: “Los pobres lo ven como
uno propio que llegó allí y lo respetan, pero es gente
desconectada del pensamiento crítico, que no accede a las
columnas de los diarios, al debate. Lula se corrió del centro
a la derecha. Por eso no hay oposición de derecha -salvo en
política exterior- sino en el movimiento social, los
intelectuales, la izquierda. Sus bases no critican pese a que
Lula ignore temas clave como el desempleo”.
En Venezuela, Hugo Chávez Frías continúa fiel a su estilo,
y la sociedad, marcadamente dividida. El clima de agitación
persiste después de haberse realizado la recolección de
firmas para activar el mecanismo constitucional denominado
referendo revocatorio. Esta vía habilita la remoción de
mandatarios del oficialismo y de la oposición, siempre que se
cumpla con los requisitos legales. De acuerdo con un sondeo
realizado por la consultora privada Datanálisis en diciembre
pasado, un 72,9% de la población evalúa negativamente la
situación actual del país. De ellos, el 32,4% la considera
“muy mala”, el 29,1% “mala” y el 11,4% “regular
hacia mala”. Por otro lado, un 26,8% tiene una
opinión positiva sobre la gestión. No obstante, el líder
venezolano asevera en todas sus alocuciones que el pueblo lo
acompaña y que, en caso de producirse el referendo, arrasaría
con los opositores.
Las últimas movidas en el mapa político de la región
fueron, por un lado, la asunción de Néstor Kirchner en
Argentina y el derrocamiento del presidente boliviano Gonzalo
Sánchez de Lozada (ver aparte). Por otro, la presencia del
nuevo jefe de Estado paraguayo Nicanor Duarte Frutos, quien se
muestra como la cara renovada del tradicional Partido
Colorado.
Viejos caballitos
Algunos gobiernos de la zona atraviesan la mitad o el fin
de su mandato. Es el caso de Jorge Batlle, en Uruguay. Tras
resultar derrotada en un plebiscito por la derogación de la
reforma de la petrolera estatal Ancap que había impulsado, la
desgastada administración batllista llega a su término. En
las próximas elecciones de octubre de 2004, quien tiene más
chances es el candidato de centroizquierda Tabaré Vázquez,
integrante del Frente Amplio.
En Perú y Colombia, el Poder Ejecutivo padece la desaprobación
de amplios sectores. El peruano Alejandro Toledo tuvo que
lidiar con masivas huelgas de empleados estatales en 2003.
Asimismo, según un estudio de la Compañía
Peruana de Estudios de Mercado y Opinión Pública, de
diciembre pasado, algunos ciudadanos añoran a los ex
presidentes: con miras a las elecciones de 2006, Alan
García se perfila como el favorito con el 19,4 %, secundado
por Alberto Fujimori con el 15,5%.
Por otro lado, Álvaro Uribe, en Colombia, recibió una
bofetada en las últimas elecciones municipales, en las que
perdió la alcaldía de Bogotá, sector clave en el
entretejido político local, que quedó en manos del ex
sindicalista de izquierda Luis Garzón. Este resultado
electoral es un golpe al oficialismo y abre una grieta en el
discurso hegemónico de derecha.
Por último, el recambio presidencial en Chile se dará
luego de las elecciones de 2005. De acuerdo con un sondeo
realizado por el diario El
Mercurio, el alcalde de Santiago de Chile, Joaquín Lavín,
es el favorito. De tendencia derechista, Lavín fue derrotado
en la segunda vuelta electoral por el actual presidente
socialista Ricardo Lagos, en 1999. Hoy, le ganaría a todas
las figuras de centroizquierda mencionadas como posibles
candidatos del oficialismo.
A pesar del descontento con los gobernantes y de la
profundización de la pobreza, la democracia todavía
es valorada en la región. De acuerdo con un estudio realizado
por Latinobarómetro, entre el 18 de julio y el 28 de agosto
de 2003, el 64% de los encuestados sostuvo que “la
democracia puede tener problemas, pero es el mejor sistema de
gobierno”.
Pobreza, números y futuro
Superado, al menos discursivamente, el pensamiento único
del neoliberalismo, surgen en la región expectativas en torno
a una mejora en relación a la pobreza extrema, a las
deficiencias en las áreas de salud y educación, y a una
posible integración del subcontinente.
Un informe sobre las economías latinoamericanas realizado por
la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)[ii], difundido en diciembre de
2003, anuncia que, por primera vez en medio siglo, la región
tuvo excedente comercial de 6.000 millones de dólares. De
acuerdo con el documento, este hecho puntual está vinculado
con la recuperación de Estados Unidos, Japón y el
crecimiento de China. “Las mejores perspectivas responden en
parte a un contexto internacional más favorable. La caída de
los riesgos soberanos (...), el mejoramiento de los precios de
las materias primas, el repunte del turismo y el incipiente
crecimiento de las exportaciones no petroleras a Estados
Unidos constituyen los principales estímulos positivos
provenientes de la economía internacional. Sin embargo, también
es significativo el fortalecimiento interno registrado por la
región. Al cabo de seis años de turbulencias, la mayoría de
los países muestran un mayor control de las políticas
fiscales y monetarias y tipos de cambio más competitivos;
incluso las economías que enfrentaron crisis más profundas
ya iniciaron un proceso de recuperación”, argumenta el
informe.
En el Cono Sur, Argentina tuvo una marcada reactivación del
7,3%, tras una estrepitosa caída del 10,8% en 2002. Chile,
Colombia y Perú alcanzaron tasas superiores al 3%, Brasil de
0,1% y Venezuela se contrajo un 9,5%. El resto de la zona
registró cifras en torno al 2%.
Entre sus proyecciones, la Cepal prevé que todos los países
latinoamericanos tendrán un crecimiento positivo. En 2003, la
economía progresó en un promedio de 1,5% y el próximo año
lo haría en un 3,5. “En cuanto a los factores internos, se
prevé que la reducción de la inflación se mantendrá, que
los salarios reales mejorarán e impulsarán la demanda, y que
el empleo responderá positivamente a la recuperación del
crecimiento”, avizora el documento.
Más allá de estas cifras “alentadoras”, el Producto
Bruto Interno por habitante sigue por debajo del de 1997 y el
44% de la población –unos 227 millones de personas- vive en
situación de pobreza. Por su parte, el promedio del desempleo
en América latina y el Caribe alcanza el 10,7 %.
Entre las cuestiones que atañen a la política económica de
los países, se destacan dos temas que los gobernantes
latinoamericanos deberán resolver para mejorar la calidad de
vida de la población. En primer lugar, la mala distribución
de la riqueza. Un informe del Banco Mundial[iii] sostiene que el índice
de desigualdad en América latina supera en 10 puntos al de
Asia, en 17,5 a los 30 países desarrollados que integran la
Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y
en 20,4 a las ex comunistas naciones de Europa del Este. En
ese marco, Argentina fue el país de la zona que en que más
se profundizó esta deficiencia durante el período 1992-2001,
creciendo el índice un 17,44%.
En segundo lugar, el abultado endeudamiento constituye un
asunto medular que obstaculiza el despegue de las economías
regionales. Según la Cepal, la deuda externa bruta de América
Latina y el Caribe en diciembre del 2003 asciende a 744.000
millones de dólares, lo que representa un crecimiento del
2,4% respecto del año anterior. Y advierte: “Si bien el
incremento de la deuda externa ha sido manejable a corto
plazo, gracias al bajo nivel de las tasas de interés
internacionales, es necesario tener presente que la magnitud
del saldo de la deuda es un factor estructural preocupante y
que las dificultades para administrarlo aumentarán en la
medida que las tasas de interés internacionales y las primas
de riesgo se eleven en el futuro”.
En este punto, y desde un clima diferente, se escuchan algunas
voces que alientan la conformación de un club de deudores con
el fin de plantear una política en común. Así lo expresa el
filósofo José Pablo Feinmann, en un artículo publicado en
el periódico Página/12[iv]:
“Hoy, América latina tiene una totalización negativa que
puede generar un proyecto político positivo. Nuestro
continente está ‘unido’ por la ‘deuda’. (...) Esa
‘unidad negativa’ se transforma en positiva cuando América
latina decide rechazar la ‘unidad deudora’ que le otorga
el Imperio e instaurar una unidad política, económica y
cultural. Que todos negociemos de ‘uno en uno’ frente al
Todo es la derrota. El Todo siempre vence a las partes. La
fuerza negociadora de América latina está en su unidad,
nunca en su fragmentación”.
[i] Restivo, Néstor. “El
discurso político de Lula es desmovilizador”. Clarín,
26 de diciembre de 2003.
[ii] Cepal. “Balance
Preliminar de las Economías de América Latina y el
Caribe 2003”. Diciembre de 2003.
[iii] Banco Mundial. “Inequidad en América
latina y el Caribe: ¿quebrando la historia?”. Octubre
de 2003.
[iv] Feinmann, José Pablo. “América latina,
ahora”. Página/12, 18 de octubre de 2003.
Arriba
|