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ENTREVISTA CON RICARDO HORVATH, PERIODISTA Y ESCRITOR

Tinta insurgente

Acaba de publicar “Revolución y periodismo”, un ensayo sobre el rol de la prensa en los movimientos de cambio a lo largo de la  historia argentina y latinoamericana. “El periodismo nació revolucionario”, desafía Horvath. Desde la Revolución Francesa hasta el papel de Jorge Ricardo Masetti, Ernesto Guevara y Rodolfo Walsh, un recorrido por las  plumas más activas, y una provocación a las jóvenes generaciones para que tomen la posta.

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

En medio del ruido de los motores contra el cemento, el nuevo edificio del Centro Cultural de la Cooperación lo aloja. Parece extraño que allí, a pocas cuadras del Obelisco y en medio de una jungla de abogados –como es la zona de Tribunales en la Ciudad de Buenos Aires- se pueda hablar y escribir sobre revoluciones y revolucionarios.
Ricardo Horvath es el hombre, de blanca barba y lentes amplios, que después de leer y releer, desentrañar y ordenar un archivo de años de trabajador de prensa, se puso a escribir sobre el periodismo ejercido por personas que miran y piensan más allá de las paredes de una redacción.
¿Por qué relacionar la actividad periodística con los procesos revolucionarios? ¿Cómo se le ocurre, ahora que “nadie quiere cambiar el mundo”, usar la palabra “revolución”?
Me parece que no es una palabra olvidada, por lo menos acá en América Latina. En realidad el título creo que es obligado. Es un trabajo que yo venía pergeñando hace años. Al volver a leer viejos libros y recuperar algunas cuestiones que tienen que ver con la historia, llegué a la conclusión de que el periodismo nació revolucionario. ¿Por qué? Mi conclusión es que el periodismo nació con la Revolución Francesa. Pero ese periodismo nace revolucionario porque los revolucionarios de 1789 comprenden que la única forma que tienen para sacar a la reyesía, a los señores feudales del poder e instaurar un nuevo poder era a través de la ideología. Pero la ideología debía estar en la punta del fusil. Entonces para tomar la Bastilla debían tomar el fusil, pero previamente tuvieron que influir sobre la sociedad e influyeron a través de la prensa, prensa que era perseguida por los reyes pero ellos insistieron. Un periodismo que era revolucionario y que está en quienes ocupan el poder con el triunfo de 1789. La mayoría o todos eran periodistas, o escribían o creaban periódicos. Además comienza una competencia feroz, primero para liquidar a los periódicos de la reyesía o cortarles la cabeza a los reyes en la guillotina, y segundo para poder estar en el poder e imponer cada uno sus ideas de centro, de derecha o izquierda, que allí nacen.
En el libro, Ud. vincula ese periodismo revolucionario con los hombres que en estas tierras llevaron adelante la Revolución de Mayo de 1810. ¿Cómo ocurre?

Previamente, Juan Jacobo Rousseau, cuando escribe su Contrato Social está planteando toda una ideología en torno al poder. No es casual que en nuestro país se traduzca El Contrato Social, y que se edite aquí. Lo hacen los revolucionarios de mayo. Ese periodismo también llega a nuestro país. Llega con Mariano Moreno, con Manuel Belgrano, con Juan José Castelli con Bernardo de Monteagudo, que también eran jacobinos, es decir, eran revolucionarios, cortaban cabezas, no en vano lo fusilan a Santiago de Liniers. En nuestra historia todo esto aparece como tapado, acallado.

Y su idea es que es periodismo alcanza un punto de inflexión en el siglo XX de la mano de Jorge Ricardo Masetti, Ernesto Guevara y de Rodolfo Walsh.

Esos tres periodistas argentinos jugaron un rol fundamental en América Latina. La conclusión del libro es con estas tres figuras que pertenecen a una misma generación, y a distintas ideologías. Se muestra cómo se entrecruzan ellos y terminan planteando una misma ideología. Su punto en común es la lucha por el socialismo. Masetti –que viene de la derecha, del nacionalismo, de la Alianza Libertadora Nacionalista, un grupo de choque de derecha-, impresionado por los acontecimientos que se estaban dando en Cuba, viaja a Cuba. Él mismo relata en su libro "Los que luchan y los que lloran" la mutua desconfianza entre él y Guevara cuando se conocen. Él inclusive cuenta que le sorprendió verlo a Guevara que llegaba con su mulo, cuenta que era una réplica de Cantinflas, por la barba y demás. Ese libro, que sale por el 58, en su reedición posterior tiene un prólogo de Rodolfo Walsh. Ahí aparece una conexión. También aparece una conexión previa entre Walsh y Guevara cuando Guevara siendo joven hace el recorrido por el sur argentino y pasa por Choele Choel donde había nacido Walsh. Ahí da la casualidad que se le descompone la moto. Hay una serie de cosas que dan la sensación de que hay una unidad sin conocerse, y terminan los tres en el 59, creando Prensa Latina, una agencia de noticias de contrainformación o alternativa, o alterativa, como se ha creado el término ahora. Porque no solamente ofrece una visión distinta sino que busca alterar el orden establecido. Los tres terminan siendo periodistas.
El propio Walsh cuenta cómo eran distintos los tres, pero cómo los tres se decidieron por la lucha armada y la llevaron hasta las últimas consecuencias. No solamente como periodistas, sino en el aspecto revolucionario, en la acción concreta, y esto también lo pudimos ver con los realizadores de la Revolución Francesa, que además de periodistas y políticos, crearon periódicos y escribieron.
El periodismo, entonces, ¿es imprescindible para una revolución?

Eso sería exagerado. Al contrario, no hay ningún periódico, ni ningún periodista que pueda hacer la revolución. La revolución la hacen los pueblos, o un núcleo acompañado por el pueblo. Si no tienen la compañía del pueblo son derrotados. Pero necesitan los medios de prensa para explicar por qué están haciendo eso. Los periodistas tienen que acompañar la revolución. Porque no nos debemos olvidar de que todo movimiento revolucionario tiene que enfrentar la contrarrevolución de los medios del sistema, que estigmatizan a todos los sectores revolucionarios, inclusive a aquellos sectores que podemos considerar revolucionarios, no desde el punto de vista de la lucha armada, sino revolucionarios por sus planteos hacia el futuro, por sus planteos de cambio. Y esto lo vemos hoy en día con la campaña de los medios contra Hugo Chávez durante largos períodos. Hoy en día no sale nada porque la contrarrevolución fue derrotada. La contrarrevolución en Venezuela está dirigida por los medios, que se han transformado en un partido político y el pueblo no les cree. 


Siglo XXI


¿Por qué parece haberse apagado en estos tiempos ese legado de Guevara, Masetti y Walsh en la actividad periodística?

Por la gran derrota de la década del 70. No por casualidad, en nuestro país hay más de cien periodistas asesinados y desaparecidos. Un poco aparece esto también en el libro en forma resumida. Y toda esa derrota que también se expresa en la dificultad cada vez mayor de los sectores populares de poder contar con diarios. La izquierda, que tiene una tradición de periodismo que se expresa en el libro, de publicaciones escritas que es la tradición europea que llega a nuestro país, no comprende el nuevo fenómeno de la comunicación, que es fundamentalmente la radio y por otro lado Internet. Ignacio Ramonet lo dice muy claramente, en América Latina, más que Internet, la radio. Porque Internet, en última instancia, llega a una clase social reducida, pese a su importancia y a su necesidad de desarrollarla. Pero en América Latina es más fácil llegar a las grandes masas analfabetas por la capacidad de llegada que tienen las ondas de expansión y además por la influencia que tiene la voz sobre el que está escuchando. La izquierda no lo entendió nunca. Yo también en mi libro planteo una crítica a la izquierda, inclusive utilizando al propio Lenin. Antes de que apareciera la radio en el 20, en 1918 Lenin escribía que la radio es el periódico sin papel y sin fronteras. Es decir estaba diciendo lo mismo que él ya había teorizado previamente sobre el rol del periódico como un organizador colectivo. Eso lo había hecho ya a su vez José Martí, quien en 1892 o 1893 plantea la necesidad de crear un partido revolucionario que tuviera un periódico, por eso crea el periódico Patria, que es el órgano oficial del partido y que expresa esa línea.

Ud. menciona una “tradición de la izquierda” en cuanto a publicaciones. Más allá de la incomprensión del fenómeno de la comunicación que remarca, ¿hay hoy alguna nueva vertiente periodística del sector?

Esa tradición de izquierda llega hasta el diario Sur, un intento de la izquierda con distintos sectores que ya habían hecho la experiencia del diario La Calle en la década del 70, y que duró poco tiempo porque fue clausurado. El tema es cómo sostener un diario, intentando competir con los grandes monopolios tipo Clarín. En vez de pensar en un diario alternativo, pequeño, pensaron un diario en grande , y esto te produce una crisis tremenda. 
Entonces a ese periodismo se le hace más difícil poder expresarse. Sin embargo, podemos decir que es un periodismo que va reapareciendo en las nuevas generaciones a partir del periodismo alternativo. O en las radios alternativas, o en los periódicos barriales o en las publicaciones que están apareciendo en Internet, o en el periódico Madres de Plaza de Mayo, que ahora vuelve a aparecer o en distintas publicaciones, por ejemplo lo que está haciendo Luis Bilbao ahora con América XXI, donde aparece la otra voz, la defensa del movimiento bolivariano. O Enfoques Alternativos, que es un mensuario, donde aparecen voces críticas, y donde periodistas con expresiones alternativas pueden ir expresándose, cosa que no pueden hacer en los grandes medios. 

Los intentos por generar publicaciones críticas, independientes y de contenidos que se opongan a los monopolios o corporaciones producen una disyuntiva en el profesional del periodismo. Muchas veces las únicas formas de poder subsistir están en los medios “del sistema”. ¿Cuál es su visión a partir del recorrido que hace en el libro?

El periodista no trabaja donde quiere sino donde puede. Entonces el periodista como profesional está obligado a seguir la línea de un periódico, pero después está lo alternativo. Es lo que planteaba Martí: “Yo realizo la labor de periodista que es el trabajo de pan ganar”, es decir, como profesional me gano el pan escribiendo notas en distintas publicaciones, y como revolucionario escribo en este periódico (Patria) donde puedo marcar mi línea. Esto es lo que hizo Gregorio Selser, por ejemplo. Él era un profesional del diario La Prensa, un diario ultra reaccionario. Ahora cómo él pudo escribir todo lo que escribió sobre América Latina, o sobre las invasiones yanquis a América Latina, o descubrir que existió Sandino. Tenía un archivo impresionante en el diario, porque todos los cables que La Prensa no publicaba los archivaba él, entonces en la década del 50, en el 57 creo, salió “Sandino, general de hombres libres”, y nuestra generación que no sabía un carajo de Sandino, lo descubrió ahí, por Selser. 
Entonces siempre existió ese periodista alternativo, revolucionario, que intentó influir sobre la sociedad más allá de su profesión donde debía escribir lo que le ordenaba el jefe porque si no lo despedían.

¿Cuál ha sido su intención con la publicación de este ensayo?
Lo que intento en este libro es simplemente un esbozo, un libro que está hecho como una provocación a las jóvenes generaciones de periodistas, para que sepan que el periodismo nació revolucionario, para que investiguen más a fondo y también para que averigüen cómo continuó ese periodismo hasta nuestros días. La idea es esa recuperar ese periodismo, aunque sea a vuelo de pájaro. Ese periodismo tiene que ser conocido por todos aquellos que no lo conocieron y para que aquellos que tengan mayor interés vayan a los archivos, a las bibliotecas y rebusquen papeles. Decir existió en nuestro país y existió permanentemente a lo largo de nuestra historia, y todavía resiste. No solamente existe si no que resiste.
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