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LA DISCUSIÓN SOBRE LOS PIQUETEROS

"Salir del egoísmo de ver hasta el capot del auto"

Rodrigo Conti es uno de los autores de “Piqueteros” y rechaza la mirada actual sobre los cortes de ruta. “No puede definirse con simpleza y con liviandad, como uno escucha a veces por radio o televisión, si ‘son los buenos’ o ‘son los malos’de la película”, prologa. La relación con la clase media, los logros y los errores de las organizaciones, y la certeza de que los piqueteros son víctimas. “No hay que perder de vista este punto de partida”, advierte.

Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar

La sociedad está hablando de los desocupados que cortan las rutas: los piqueteros. Nacidos a mediados de la década del noventa, expulsados tras las privatizaciones y la desregulación económica, hombres, mujeres y niños se lanzaron a los caminos para hacerse ver.
Durante varios años fueron actores marginales en una población que disfrutaba de viajes por el exterior y de la compra en cuotas de electrodomésticos importados. Más tarde, se convirtieron en compañeros de la clase media y acomodada en marchas hacia la Casa de Gobierno, en diciembre de 2001. Por los ahorros y por el temor a ser un desocupado más en poco tiempo, los sectores de mejor pasar llegaron a entonar al son de las ollas de acero inoxidable: “Piquete y cacerola, la lucha es una sola”.
Ahora, tras la tormenta y cuando el gobierno de Néstor Kirchner celebra cada estadística, las organizaciones piqueteras volvieron a quedar solas y vastos sectores de la población cuestionan su presencia en las rutas. Desde los diarios y las revistas, desde la televisión y la radio, los informes, las encuestas y las preguntas inducen –salvo las excepciones de siempre- a una mano “firme” del Ejecutivo para con los que no aceptan “que estamos saliendo”. Veladamente, inducen a la represión.
En ese contexto, Segundo Enfoque entrevistó a Rodrigo Conti, autor junto a Iván Schneider Mansilla de “Piqueteros”, un libro editado por la cooperativa ASTRALIB. Ambos son trabajadores del diario Crónica, y conocen desde adentro cómo se cocinan las informaciones sobre este movimiento. Una voz diferente en pleno debate.
¿Cómo ve la discusión sobre los piqueteros que se está dando en los medios periodísticos?
Estamos hablando de un fenómeno complejo que los medios de comunicación han tratado de simplificar, lo digo como periodista y como empleado de un medio masivo de comunicación. En los medios masivos de comunicación se ha intentado simplificar el tema de los piqueteros y limitarlo a si son buenos o malos, tratando de inducir al resto de la sociedad a pensar de un modo muy definido, y muy categórico. No puede definirse con simpleza y con liviandad, como uno escucha a veces por radio o televisión, si “son los buenos” o “son los malos”de la película.
Parecería, sin embargo, que el público es permeable a esa simplificación.
De todos modos lo que no hay que perder de vista es cuál es el punto de partida. Hay que tratar de que el discurso de muchos no nos tape el foco de lo que queremos ver, que el árbol no nos tape el bosque. Los piqueteros son víctimas de un sistema que los ha dejado excluidos. A partir de ahí, nosotros podemos estar en contra o a favor del método que ellos aplican para pedir trabajo o algún tipo de beneficio que pueden ser los planes sociales.
Hay mucha gente que se ensaña y dice “los piqueteros en realidad son vagos, quieren cobrar los 150 pesos”. ¿Alguien quiere cobrar 150 pesos? No creo que haya sido una vida que haya elegido, no creo que haya sido una vida soñada. Me parece bastante triste, me parece patético pensar que no es víctima aquel que cobra 150 pesos incluso para ir a un corte. Lo sigo viendo como una víctima, lo sigo viendo como un excluido del sistema. Yo no iría por 150 pesos a cortar una ruta, y creo que quien va, está en una situación compleja, complicada, en algún punto desesperada.
Mucha gente dice que entiende el reclamo piquetero pero no tolera la molestia diaria de las rutas interrumpidas.
No son los piqueteros un demonio, son gente que se ha quedado sin empleo y que, muchas veces, no tiene otro modo de salir a reclamar. Nosotros como argentinos tenemos muchas veces que tratar de salir del egoísmo que nos hace pensar, nos hace ver hasta el capot del auto y no nos deja ver. Yo tengo auto y cuando a mí me cortan la ruta o me cortan una calle, por su puesto que no me alegra, pero trato de reflexionar en torno a este fenómeno que está afectando a mucha gente, que muchas veces no tiene otra salida que la de reclamar. Si no, estamos denostando a quien podría ser una víctima como nosotros y no contra los responsables de que nosotros también seamos víctimas de algún modo.
Está latente en la población la idea de que quienes cortas calles están conformes con los 150 pesos que reciben de subsidio estatal. “Se acostumbraron a vivir sin trabajar”, se argumenta. ¿Cuál es su opinión?
Muchas veces hay gente que dice “los piqueteros, en vez de cortar, por qué no se van a plantar verduras en el patio de una casa”, o cosas así. Yo particularmente he estado cerca de la Coordinadora Aníbal Verón, uno de los movimientos más importantes, y más horizontales respecto de los otros como la CCC (Corriente Clasista y Combativa) y demás, donde son mucho más verticalistas, hay un líder o una cara visible. Nosotros rara vez vemos un líder de la Aníbal Verón, que sea la cara visible. Hay un alineamiento político elogiable o cuestionable, depende de la visión política que uno le quiera dar, pero dedican gran cantidad de horas a lo que es la construcción de proyectos. He estado en Monte Chingolo, en la zona sur del Gran Buenos Aires, donde vivía Darío Santillán, y descubrí muchas cosas: ellos trabajan en huertas comunitarias en las que plantan todo tipo de cultivos, tienen una panadería propia, en la que le dan el pan a la gente con necesidades, tienen bibliotecas muy humildes pero realmente fabulosas, tienen la famosa bloquera, en la que trabajaba Darío Santillán. Hay mucho detrás.
¿Podría decirse que es real el rechazo hacia los piqueteros que se refleja en estos días en los medios?
Cuando iniciamos el trabajo de escribir este libro, uno de los motivos para escribirlo era el rechazo que notábamos de un sector importante de la sociedad hacia el fenómeno de los piqueteros, y cómo ese fenómeno de rechazo se iba moviendo en una especie de vaivén, construyendo parábolas bastante extrañas. Por ejemplo, la sociedad decía, hace un tiempo, “nosotros podemos ser desocupados en algún momento, por lo cual los apoyamos”. El ejemplo concreto fue que los piqueteros estuvieron hombro a hombro con los ahorristas que perdieron sus depósitos.
¿Y por qué se rompieron esos lazos?
En primera medida, por la gran influencia de los medios masivos de comunicación. Se han ensañado contra la figura de los piqueteros, prácticamente endemoniándolos. He visto recientemente un programa de televisión, que en el punto de partida decía “los piqueteros versus la clase media”. Ahí ves que no quedan dudas.
Además, los piqueteros no han sabido aprovechar el apoyo que tuvieron en algún momento, y actuaron mal en algunas cosas, repitiendo un reclamo que a veces no era del todo el original, que era el reclamo de puestos de trabajo. Se desvirtuó, se politizó demasiado, muchos dirigentes piqueteros tienen una postura política, entonces es como que la gente dice “no”. No sólo pasó esto con los piqueteros, pasó con Nito Artaza y los ahorristas. Cuando ve que hay algo de política de fondo, el resto de la sociedad se aparta un poquito.
¿No es bueno que los desocupados se organicen políticamente para revertir su situación? ¿Por qué habría de espantar la “politización” de los piqueteros, si son en efecto la nueva organización política de los excluidos?
Sin dudas. Me refiero a la política mal entendida, esta política que nos tiene hartos, a esta política llena de clientelismos. Se conoce que hay punteros que se aprovechan de la gente y que le dicen “tenés que venir al corte, a una manifestación, tenés que venir a un acto”. Esto se empieza a descubrir, que era lo mismo que hacían los punteros del justicialismo, del radicalismo en los barrios de cualquier localidad. Tampoco deberíamos asombrarnos tanto.
¿Por qué está tan dividido el espectro de organizaciones piqueteras? ¿No podrían aglutinarse para ser más poderosas?
Ha habido congresos nacionales piqueteros y demás, y nosotros hemos estado en reuniones y escuchado a los miembros mismos de organizaciones. Hay buenos y malos, hay más intencionados bien y menos malintencionados, hay gente con muchos intereses, hay gente con menos intereses, hay gente con ganas de reclamar. Entonces se conjuga un fenómeno tan amplio y tan complejo en el que es difícil que las partes se pongan de acuerdo.
Hace poco tuvimos que escribir una nota explicando el nuevo fenómeno político que se había dado en torno al fenómeno de los piqueteros, ya que habían cambiado muchísimo, se habían dividido agrupaciones, se habían formado otras. Claro que uno quisiera que políticamente se unieran, llegaran a un acuerdo común, pero parece imposible. Arriba

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