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Salud,
Barcelona
Por
Segundo Enfoque
Provocar para salir de
la crisis, parece haber sido el rumbo que eligió un grupo de
periodistas hartos del desempleo. Generaron la publicación más
creativa y pujante del año. Lo hicieron por sus propios
medios y, sobre todo, empujados por puro ingenio. Humor y sátira,
la cara del periodismo que sobrevive en Buenos Aires, 2003.
Van cuatro números. El último fue de 10 mil ejemplares, y el
anterior casi se había agotado. Cuando en diciembre de 2001
en Argentina crecía el caos, un grupo de desempleados –en
este caso, periodistas- se cansó de esperar. Abrieron paso a
una idea que les había rondado siempre en la cabeza: sacar
una revista, con algo de humor, que les permitiera decir lo
que quisiesen.
“La única salida es Ezeiza”, se escuchaba en las calles,
y las colas en consulados y embajadas exhibían una generación
en las puertas de lo que algunos llamaron el exilio económico.
“Todos se van a Barcelona”, percibían en su entorno estos
periodistas desocupados. Muchos habían sido compañeros en la
extinta revista La Maga, y luego en otros medios habían
quedado en la calle ante súbitos cierres o quiebras.
“Entonces, como no nos íbamos a ir, decidimos hacer algo
que se llamara Barcelona acá.” Así describe la
elección del nombre del emprendimiento alguien que participó
de la fundación, Ingrid Beck, hoy directora de la revista
mensual, que sale en formato tabloide en papel diario y tiene
24 páginas.
Finalmente, tras sortear todas las barreras, a comienzos de
este año consiguieron un préstamo familiar y salieron a la
calle. El primer número fue en abril. Pronto algunos
trabajadores de los medios de comunicación comenzaron espontáneamente
a referirse a esta nueva expresión periodística, que –según
coinciden todos- es el causal de sus mayores carcajadas y
sorpresas. Con esto, más el “boca a boca” imparable, Barcelona
está creciendo. Hoy no les deja ganancias pero el
proyecto ha conseguido por lo menos autofinanciarse.
“Nuestro objetivo es ir a presentar Barcelona a
Barcelona”, dice Beck, medio en serio, medio en broma, con
respecto a sus metas de largo plazo.
Decididos a sacudir la modorra creativa generalizada dentro de
una generación de periodistas cómodos en la organización
económica actual, los dieciocho integrantes del staff no
desperdician el más mínimo centímetro para dejar en claro
que no son más de lo mismo.
“Una solución europea para los problemas de los
argentinos”, arranca ya desde abajo del logo, parafraseando
-de manera irónica, claro está- el slogan de cabecera del
diario argentino de mayor circulación, Clarín, que es
“Un toque de atención para la solución argentina de los
problemas argentinos”. Las pequeñas inscripciones que en
toda publicación refieren contenidos meramente formales, aquí
alojan de las más variadas consignas. Por ejemplo, un
recuadro en una esquina dirá “Esta revista fue impresa con
tinta combustible, ideal para hacer asados”, o también,
“Advertencia: No toda la información aquí publicada ha
sido debidamente chequeada”.
A través de las páginas, que obviamente están diagramadas
cuidando un modesto pero sobrio estilo, se incluyen
informaciones absurdas, ridículas, a veces chocantes, otras
simplemente desopilantes. Las volantas, los títulos, las
bajadas, muchas de las fotos, todos los epígrafes, apuntan y
destruyen al lector pasivo.
Así, el titular de tapa del número de julio reza: “Ahora
dicen que San Cayetano es mufa”, y en el interior se narran
los hechos que vinculan al patrono del trabajo con el aumento
de la desocupación y las probables medidas que tomaría el
gobierno para reemplazarlo. “No nos gusta mucho a nosotros
decir que hacemos humor”, aclara Beck. “No nos gusta
hablar de humor, -continúa- porque no somos humoristas, somos
periodistas. Queremos que la gente se ría, pero también
queremos que la gente se enoje y se indigne”. De este modo,
resalta su rol como periodista, desde un espacio creado para
sacar definitivamente los pies del plato, incluso para
revolear el mantel con la mesa recién puesta.
Uno lee al cierre los nombres de quienes producen Barcelona.
Y a continuación volverá a pegar un salto, aunque a esa
altura ya debería haberse acostumbrado. No sólo figura como
dirección administrativa la de la Casa de Gobierno, sino que
se hace una especificación graciosa pero verosímil:
“Registro de la propiedad intelectual en trámite
(prometieron que si pagábamos una suculenta coima estaba
lista para el próximo número)”. Por último, concluye: “Barcelona
es una obra de ficción. Cualquier semejanza con la realidad
es pura coincidencia”.
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