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SANTIAGO DEL ESTERO: CAMPESINOS ORGANIZADOS

Sal de tu pago sin chistar

Cuna de la chacarera, la provincia del noroeste argentino es escenario de la lucha de los campesinos para conservar sus tierras. A partir de su organización, en 1990, los pobladores rurales enfrentan los embates de los gobiernos de turno y los atropellos de un aparato policial con prácticas de tiempos de dictadura. Los intereses que rodean el negocio de los suelos santiagueños involucran al poder político y empresario.

Por Jesica Bossi
jbossi@segundoenfoque.com.ar

Cuenta una leyenda muy difundida, que San Francisco Solano tuvo un percance en su carreta al transitar por la región y le pidió ayuda a los pobladores. Ante la negativa de los lugareños, arrojó sus sandalias y gritó que no quería llevarse “ni el polvo” de esas tierras. “De esta creencia popular, surgió la interpretación de que los males provincianos obedecen a la ‘maldición de San Francisco Solano’. Un fatalismo sin solución”, escribe el historiador Raúl Dargoltz, en “El Santiagueñazo”, en 1994. Sin embargo, hoy los santiagueños ya no atribuyen sus pesares cotidianos a los designios del religioso franciscano.
Son 15 mil las familias campesinas que, en la actualidad, viven de la producción agropecuaria a pequeña escala y que están afectadas por la tenencia precaria de tierras. En el 70% de los casos, se trata de poseedores y, por lo tanto, tienen derecho a reclamar ante la justicia. No obstante, el procedimiento para lograr la regularización de la propiedad es complejo y difícil de costear.
En 1990, tras largos años de atropellos y “desalojos silenciosos”, los pobladores rurales se aglutinaron en el Movimiento de Campesinos de Santiago del Estero (MOCASE). A partir de entonces, apoyados por un equipo de abogados, defienden sus derechos e implementan mecanismos para impedir que se concreten los desalojos arbitrarios.
Luis Santucho, asesor legal de la organización desde 1997, explica el trámite que debe realizarse para conseguir el reconocimiento de propiedad de las tierras: “En primer lugar, tienen que llamar a un ingeniero agrimensor, que no es gratuito, para realizar un plano de mensura a partir del cual se puede iniciar el juicio de prescripción veinteñal. Hay un artículo del Código Civil Argentino que reconoce y da la categoría de titular del dominio, a quien haya poseído un terreno por un lapso de más de 20 años y con ánimo de dueño”. Y agrega: “Para que se cumpla con esto, se tienen que pagar impuestos para ingresar al juicio, promover un beneficio de litigar sin gastos, el traslado de los testigos, etc. Entonces, un campesino que quiera obtener el título necesita hacer una inversión muy fuerte, que muchas veces no puede afrontar” (ver aparte).

Orígenes

La resistencia a abandonar las tierras que ocupan desde hace décadas, los llevó desde mediados de los 80 a comenzar a asociarse. La primera gran manifestación ocurrió en 1989, cuando se conformó la Comisión Central de Campesinos de Los Juríes. Algunas veces para producir o comerciar, y otras por la falta de recursos, se intensificó el acercamiento entre pequeñas comunidades, hasta que finalmente, el 4 de agosto de 1990, se declaró formalmente el nacimiento del MOCASE.
El “acta fundacional” plantea como objetivos la búsqueda de soluciones a problemas comunes -como el reconocimiento de las tierras-, la representación de los campesinos ante las autoridades y la promoción de la capacitación en cooperativismo y gremialismo, entre otros. Más adelante aclara: “Queremos diferenciarnos de la forma tradicional de hacer política, que se maneja con promesas incumplidas y que no le interesa promover la unidad y la autodeterminación del sector campesino”.
Un caso simbólico en la trayectoria del MOCASE, fue “la carpa de La Simona”. El 12 de octubre de 1998, un paraje en el monte santiagueño logró captar la atención de los medios de comunicación nacionales. En ese episodio, los campesinos se resistieron a las máquinas topadoras que pretendían expulsarlos, arrasando árboles y cercos, hasta llegar a las proximidades de sus ranchos.
En 1999, el MOCASE realizó un congreso. Allí, los integrantes analizaron su estrategia de lucha y elaboraron un documento que reconoce que sus mayores obstáculos consisten en persistencia del “miedo al conflicto” y, por otro lado, en el accionar del gobierno provincial (ver aparte). “La presión de los punteros políticos que trabajan para desarmar la organización, la persecución policial, los atropellos, la cárcel”, son formas en que se reproduce el poder santiagueño, sostiene el escrito. En ese sentido, el sociólogo del Instituto Gino Germani, Pablo Barbetta, considera que no se puede deslindar la emergencia y las prácticas del MOCASE del contexto regional. “Las redes clientelares, la sistemática represión de las libertades civiles y políticas, plantean serios inconvenientes para el fortalecimiento de la organización. (...) Desde el gobierno son considerados como ‘subversivos’”, afirma (ver aparte).

Derechos humanos, billetes y algo más

“Según órdenes del juez Ramón Gómez, de Santiago del Estero capital, se realizó con total brutalidad un operativo de desalojo. En el violento accionar fueron golpeados, baleados y detenidos 15 campesinos, entre ellos Oscar Peralta, que con bala de plomo fue herido por las espalda. Nuevamente el aparato represivo de la provincia de Santiago del Estero ataca a una comunidad campesina”, dice un comunicado de prensa del MOCASE, de principios de marzo. Este es tan sólo uno de los tantos casos que, según los pobladores, ocurren con frecuencia.
De acuerdo con un estudio del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), titulado “Los campesinos y el derecho a la tierra”, en septiembre de 2000 fue denunciada una red de espionaje ideológico, montada desde la Subsecretaría de Informaciones de la policía santiagueña, dirigida a periodistas, miembros de la iglesia, políticos e integrantes del MOCASE. En ese sentido, afirma el abogado Luis Santucho: “Nosotros tenemos la seguridad de la provincia en manos de un jerarca de la dictadura militar fascista, el comisario Antonio Muza Asar. Es el paradigma de la represión en Santiago del Estero y está ocupando el mismo cargo que ejercía en los tiempos de la dictadura. Este señor dirige a la policía y, por lo tanto, con el consentimiento de él se está reprimiendo constantemente a los campesinos”.
Las tierras, como todos los recursos naturales, son reconocidos por su valor económico y estratégico. Rumores acerca de la venta de territorio a cambio de una reducción de la deuda externa, o las noticias sobre la compra de grandes extensiones en la región patagónica, forman parte de discusiones cotidianas y de campañas electorales. Para Santucho, en Santiago del Estero esta cuestión está surcada por una maraña de intereses. “Aparecen comprometidos el poder político y algunos personajes que han utilizado toda la confusión existente en los registros de la propiedad, en la Dirección de Catastro y de Colonización, para estrechar vínculos y producir una cadena mafiosa en donde la tierra va pasando de mano en mano, y se vende a precios viles”, expresa con furia.
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