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LA SOJA EN LA MIRA

Semillas y herbicidas: el negocio

Por Jesica Bossi

“Estamos en contra del modelo transgénico”, afirma un comunicado del Foro de la Tierra y la Alimentación, de octubre de 2002. Y agrega: “En nuestro país casi el 100% de los cultivos de soja son transgénicos, es decir, genéticamente manipulados para resistir el agroquímico (Round Up Ready) que produce Monsanto, la misma multinacional que tiene el derecho de propiedad sobre la semilla. La semilla patentada por Monsanto más los insumos necesarios que también provee esta empresa, conforman un paquete tecnológico que aumenta la dependencia de los agricultores con respecto a estas compañías”.
Desde tiempos lejanos, la semilla ha sido para el agricultor la base de su sistema productivo. Como un tesoro valioso, era guardada y mejorada, y también transmitida culturalmente por generaciones, en constante intercambio entre los pueblos. Hoy por hoy, los grupos empresarios, mediante la imposición de un “paquete tecnológico” que incluye semillas y  herbicidas, son los que determinan las políticas de producción agrícola.
“El agricultor debe comprar ahora la semilla todos los años, para asegurar su cosecha, trasladando parte de su renta a las manos de las compañías, dueñas del manejo del material genético y sus cruzamientos”, asegura Walter Pengue en un artículo publicado en septiembre de 2000 en Le Monde Diplomatique.
La particularidad de la soja es que es una planta autógama y esto le permite al productor guardar semilla propia y reutilizarla en futuras campañas. Según el ingeniero agrónomo, las multinacionales han logrado crear una tecnología que permite controlar de forma absoluta la producción y el abastecimiento de semillas: la tecnología “Terminator”. “Es un mecanismo suicida genéticamente diseñado para que se pueda activar por un estímulo exterior específico. Como resultado, quien intenta resembrar estas semillas, encontrará que las mismas se autodestruyen, y por tanto, no habrá ni cosecha ni alimento posible”, explica Pengue.
Más allá de los intereses económicos, en julio de 2002, el Foro para un Plan de Alimentación y Nutrición –auspiciado por UNICEF- determinó: “En cuanto al uso de la soja, se recomienda puntualizar cuál es su real valor nutricional, su uso adecuado como complementación en el marco de una alimentación variada y completa, y la recomendación de no denominar a la bebida obtenida de la soja (jugo) como ‘leche de soja’ pues no la sustituye de ninguna manera. (...) es deficitaria en muchos nutrientes, y por su alto contenido de fitatos interfiere en la absorción del hierro y del zinc; tampoco es una buena fuente de calcio. (...) La utilización de soja debe contemplar el impacto ambiental y social, los requerimientos de capacitación para su adecuada utilización, la dificultad de su incorporación en el contexto de la cultura alimentaria y las consideraciones nutricionales que desaconsejan el uso en niños menores de 5 años y especialmente en menores de 2 años”.
Sin embargo, para la Asociación de Productores de Siembra Directa (AAPRESID), con sede en Rosario (provincia de Santa Fe, Argentina), la soja constituye un aporte importante para suplantar otras fuentes alimenticias más caras en situaciones de extrema pobreza. Desde esta perspectiva, a principios de 2002 organizaron, junto con otras organizaciones y empresas, el Plan Soja Solidaria que consiste en la donación, por parte de los productores, del 1% de sus cosechas. Según Victor Trucco, presidente de AAPRESID: “No se enseñó sólo a consumir soja, sino a preparar comidas con soja y se presentaron alternativas aún para los casos más extremos, donde no se contaba con instrumentos habituales de la cocina”. Entre los productos comestibles elaborados a partir de soja se destacan bebidas, aceite, flanes, tartas, panes, milanesas de soja, golosinas.
De acuerdo con AAPRESID, en 2002 a través del Plan Soja Solidaria se distribuyeron 733 toneladas de soja que beneficiaron a 650 mil personas.
Los detractores del modelo agroindustrial hegemónico visualizan a la cruzada solidaria como una forma de legitimación de las empresas y las organizaciones ante la sociedad. Un informe del Foro de la Tierra y la Alimentación sostiene: “En sus comunicados internos colocan como objetivo general de esta campaña ‘Incorporar la soja como un nuevo hábito en el consumo de alimentos para la población’ (documento de AAPRESID). Con esta declaración queda claro que el fin no es terminar con el hambre sino  abrir nuevos mercados para sus productos; no es lograr la autonomía alimentaria de la población sino atar al país al monocultivo sojero tanto en la producción como en el consumo, instalando definitivamente a la Argentina como ‘republiqueta sojera’”.
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