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UNA
LECTURA SOBRE LA REPRESENTACIÓN TELEVISIVA DE LA LOCURA
Jugar
con los límites
La miniserie “Sol Negro” narró la historia de
un joven atrapado en un psiquiátrico. Escenas de
electroshocks, brotes psicóticos y peleas se entrelazaron con
desopilantes diálogos y gestos de amistad. Con un elenco de
distinguidos actores y una estética cuidada, el ciclo no fue
favorecido por el rating. ¿Qué locura toleramos ver? ¿Cómo
debería abordarse el fenómeno desde la ficción?
Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar
Caminar por el neuropsiquiátrico José Tiburcio Borda,
en Buenos Aires. Una pequeña recorrida a través de los
amplios pasillos lindados por paredes descascaradas y
edificios a medio construir. Hombres que deambulan, brazos en
jarra, algunos mirando el cielo, otros escrutando el piso. El
viento sopla suave allí adentro. Igual que afuera.
El perímetro de muros encierra a quienes se les achaca
transgredir ciertas normas de conducta convencionales, a
quienes se les diagnostica tener “problemas mentales”,
incluso, a los considerados “sujetos peligrosos para la
sociedad”. En Argentina, una ficción televisiva intentó
representar ese ámbito, y desarrollar en él una historia.
Su nombre, “Sol Negro”, fue extraído del poema “El
desdichado”, del francés Gérard de Nerval (ver aparte). Se
refiere al “sol de la melancolía”. En cada emisión, un
tono oscuro se funde en un fondo naranja-atardecer, para
ocultar un círculo, que es el sol, aunque parece,
sugestivamente, una luna.
Producida por Ideas del Sur, son trece los capítulos
dirigidos por Alejandro Maci, hijo de psicoanalistas. Cuenta
con la participación de actores de gran prestigio (ver
aparte), aunque también con, por ejemplo, la actuación de
Fernando Aquino, un interno del hospicio, rey de las
improvisaciones en las tardes de radio La Colifata.
Sorprendente, como todos los sábados en las emisiones desde
los patios del Borda, no desentonó tras el grito de “acción”,
durante las filmaciones.
Relato
Esther Feldman es, junto al propio Maci y a Lucía Puenzo,
una de las co-guionistas del unitario que el canal América
puso en el aire. Explica que abordar este tema no fue nada fácil:
“Hicimos
una amplísima y exhaustiva investigación. Estuvimos casi dos
meses yendo al Borda, conversando con internos, enfermeros y médicos.
También trabajamos con psiquiatras y psicólogos externos.
Tratamos de leer toda la bibliografía que estaba a nuestro
alcance”.
La historia es la de un joven rico de pasado tormentoso,
Ramiro Bustos, que termina en el manicomio para esquivar la cárcel,
luego de matar a dos personas con su auto, en una noche de
diversión.
En el hospital, conocerá al doctor Mariano Puentes, que será
su aliado. Puentes busca la curación de los pacientes a través
del arte. Del otro lado, la doctora Glezer, de prácticas
oscuras, acuerda con el hermano de Ramiro un plan para
declararlo insano: inimputable por los crímenes ante la
Justicia, pero también incapaz de recibir la parte de la
herencia familiar que le correspondería.
En ese contexto, la narración muestra un estereotipo de los
considerados “locos” que interactúan con el hombre que
viene de afuera. El que se rasca, el que espera una visita que
nunca llega, un ex músico algo alterado. Y allí, el juego
con los límites de lo normal. ¿Quién está loco? ¿Quién
puede determinar el grado de locura de un par?
Un hermano capaz de engañar y matar por una fortuna. Su
pareja, otrora la de su padre, es capaz de matar y condenar al
encierro a un joven, para quedarse con esa fortuna. La
directora de un hospital para “enfermos mentales” prueba
peligrosos fármacos matando pacientes y sobrelleva sus penas
consumiendo otras pastillas.
Según han recogido los medios especializados, los hacedores
de “Sol Negro” han dicho: “Es la historia de un joven
que encuentra la cordura dentro de un neuropsiquiátrico”.
Dilema
Sobre el cierre de esta edición, el programa semanal llegaba
a su fin. Las mediciones de rating, indicador de audiencia que
rige el mercado televisivo, no son las esperadas. Sin embargo,
las repercusiones de una apuesta semejante no faltaron. Por
ejemplo, Alfredo Kraut, docente de la Universidad de Buenos
Aires (UBA), escribió en el diario Clarín: “Los
pacientes mentales nada tienen que ver con los que muestra el
sol televisivo. A su negra luz, lo que surge es la idea de
peligrosidad. Y desde allí, el control no es inocuo: permite
mostrar a la sociedad qué sucede con quienes tienen conductas
‘anómicas’ o ‘desviadas’”.
Según esta postura, las acciones que hacen los personajes de
“Sol Negro” son exageradas, y están desvirtuadas. Generarían
en los espectadores una visión equívoca de cómo son los
“locos” y alejaría a eventuales enfermos de los
psiquiatras por temor a terminar en un sitio “tan
tenebroso”.
Feldman, al oír estos comentarios, recuerda que ellos han
hecho una ficción, y que sólo ha buscado hacer un relato
verosímil, pero de ficción: “Nosotros
consideramos que la ficción es una representación de la
realidad pero no es un espejo ni pretende serlo”. Además,
sostiene que de ningún modo el resultado global de la
descripción del “mundo de los locos” que hace su obra, lo
muestre como peligroso. “Si hubiesen tenido un poco más de
paciencia y hubiesen visto cómo seguían los capítulos,
(...) se mostraba otro costado, encantador”, refuta.
Con respecto a los bajos números de espectadores, Esther
Feldman marcó diferencias con otra miniserie marginal de la
productora, que fue más convocante, como “Tumberos”:
“Todos tenemos la conciencia de que si no nos mandamos
ninguna macana es altamente improbable que terminemos presos.
Ahora, ninguno de nosotros puede afirmar que no va a terminar
en un neuropsiquiátrico. Es un temor mucho más profundo el
de la locura, el de la pérdida de la noción de realidad”.
“Sol Negro” resultó una historia de los bordes: como
muchas de las últimas ficciones de la Argentina, sitúa su
argumento en lo marginal de la sociedad. Dibujando una
frontera borrosa entre cuerdos y locos, parece que por
momentos todos son locos, y que en otros, todos son cuerdos,
lejos de las clasificaciones absolutas, definitivamente
inverosímil por estos tiempos. Arriba
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