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FIEBRE MINERA EN ARGENTINA
Suelos dorados:
millones bajo la tierra
En los noventa, llegaron con la tendencia
desreguladora. Beneficios legales e impositivos desataron el boom de la
minería argentina. Tras la depreciación del peso, la
historia se repite. De los países más desarrollados del
planeta, vienen. El oro en primer lugar, pero también la
plata y el cobre, atraen millonarias inversiones en el
territorio casi virgen de la Argentina. Cierres de empresas
medianas y pequeñas, impacto ambiental negativo y salida
constante de recursos no renovables, son esquirlas de la
explosión minera de hoy.
Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar
Lo
llaman “la segunda ola” del sector minero argentino.
Capitales de todas partes del mundo, a través de las
principales empresas mineras, llegan al país para extraer
recursos minerales no renovables atraídos por el
abaratamiento de costos luego de la devaluación. Como lo
hicieron en los inicios de los noventa, aprovechando las
facilidades que el gobierno del entonces presidente Carlos
Menem les otorgaba, ahora vienen por más.
Las últimas proyecciones publicadas por la Dirección
Nacional de Minería estiman que la producción minera
argentina alcanzará los 1100 millones de dólares este año,
y que para 2005 estará en 2939 millones, una cifra récord.
Asimismo, estipulan que las exportaciones producto de la
actividad tocarán los 826 millones de dólares este año, y
calculan que dentro de dos, ese número estará en 2662
millones de dólares, en otra marca histórica.
Durante 2002, las inversiones mineras anunciadas alcanzaron
los 2350 millones de dólares. Esto incluye incursiones
exploratorias y de producción, y adquisiciones de depósitos
de metales de primera categoría a nivel mundial. El 2003
comenzó con el mismo impulso. El suelo argentino posee un 70
por ciento aún sin explorar, y parece que para las grandes
compañías del globo, ésta es la oportunidad.
Ola
El mundo de los gigantes mineros es chico. Pocas empresas
extraen los minerales del planeta. El ex ministro de Economía
del mandatario chileno Salvador Allende -que nacionalizó el
cobre en los 70- José Cademartori, describe el escenario
actual: “Son cuatro, cinco o seis empresas”, y agrega:
“Y entre estas grandes compañías se ha estado produciendo
un proceso de fusión, de concentración con vistas a obtener
mayores ganancias a través de la reducción de costos.
Entonces se ha concentrado el poder en grandes compañías
privadas, de modo cada vez más notorio” (ver aparte).
La multinacional canadiense Barrick Gold decidió reactivar el
año pasado el trabajo en el mayor yacimiento del mundo sin
explotar: el oro y la plata del proyecto Veladero en la
provincia argentina de San Juan. Y prevé también invertir en
Pascua Lama, un proyecto lindero compartido entre Argentina y
Chile. Desde Canadá, a su vez, Northern Orion Explorations
acaba de convertirse, en febrero de este año, en la dueña
total del mayor depósito de cobre, oro y molibdeno del país,
Agua Rica, en la provincia de Catamarca.
A sólo 34 kilómetros de Agua Rica, se encuentra la mayor
explotación actual de oro del país, la mina Bajo de la
Alumbrera, controlada por Minera Alumbrera Ltd.. A esa
sociedad acaba de ingresar la compañía canadiense Wheaton
River con 210 millones de dólares.
La lista continúa, e involucra compras e inversiones
programadas en proyectos como El Desquite, en Chubut, Cerro
Vanguardia y Manantial Espejo, en Santa Cruz, y El Pachón, en
San Juan (ver aparte). Tanto para trabajos de exploración
como de producción, el objetivo es tentador: los recursos
minerales metalíferos argentinos.
Pum!
En los años noventa, se promovió en Argentina la inversión
privada extranjera en el sector minero, por medio de legislación
favorable a las empresas, con el objeto de garantizar
“estabilidad” y “seguridad jurídica” durante largos
períodos de tiempo, en nombre del riesgo que suponen los
grandes proyectos mineros. De esta manera, se tranformó al
Estado en un registro de las concesiones privadas en la
explotación de estos recursos minerales no renovables. Fue el
boom, la primera furia (ver aparte).
El auge inicial de la minería argentina llevó a nuestro país
a los primeros puestos de los rankings de “oportunidades de
inversión” que circulan por el mundo. La producción y las
exportaciones crecían año tras año. La Subsecretaría de
Minería hablaba de casi 20 mil puestos de trabajo allá por
el año 2000 o 2001. Se destacaba que por cada empleo directo
que se generaba, 4 indirectos salían a la luz. Sin embargo,
este impulso estuvo liderado casi con exclusividad por las
grandes multinacionales mineras, en detrimento de las pequeñas
y medianas empresas (PyMEs).
Como señala la especialista en minería María Gabriela
Strazzolini, en su trabajo “El panorama minero de la
argentina”, publicado por la Fundación Novum Milenium en
Septiembre de 2001, de las 1097 empresas que existían, el 85
por ciento eran PyMEs y sólo un uno por ciento, grandes
empresas. El resto: un 9 por ciento eran empresas de exploración
y otro porcentaje igual lo componían las compañías de
servicios.
Las PyMEs se han dedicado mayormente a la explotación de los
recursos minerales no metalíferos y a las rocas de aplicación,
las otras dos categorías de minerales tipificadas por el Código
de Minería además de los metalíferos. El mismo estudio
epecifica que las empresas pequeñas y medianas, que aportan
un 46 por ciento del total producido, se ocupan en un 72 por
ciento de producir rocas de aplicación (materiales para la
construcción), un 26 por ciento se encarga de los minerales
no metalíferos, destinados a la industria, y en un 1,7 por
ciento a los metalíferos.
Strazzolini, que se desempeñaba por aquellos días en la
Subsecretaría de Minería, aclara en su trabajo que los
resultados de la política implementada, “no fueron tan
exitosos” para este segmento. Y como explicación,
puntualiza que las PyMEs tienen escaso conocimiento de los
yacimientos, que les falta control de calidad, que no realizan
investigaciones de mercado ni invierten en el desarrollo de
nuevos productos y procesos, y que tienen falencias en la
gestión de las empresas y así como empleados poco
capacitados.
Desde otra perspectiva, Eduardo Mari, ex director del Centro
de Investigación y Desarrollo de Materiales del Instituto
Nacional de Tecnología Minera (INTEMIN), analizó este tema
en el número 188 de la Revista Realidad Económica. En el artículo
titulado “Plan de Desarrollo Minero” señala al
respecto: “(...) Las alrededor de 500 PyMEs mineras de muy
distinta magnitud (...) se encuentran en condiciones difíciles
para mejorar tecnológicamente sus procesos y ampliar su
producción; dada la crisis económica, muchas de ellas han
cerrado. Ninguna de estas PyMEs recibió algún tipo de
beneficio importante (...), ni siquiera a nivel crediticio.”
S.O.S.
Mari, en el mismo artículo, destaca que uno de los
motivos por el cual las empresas mineras han aumentado sus
inversiones en la explotación aurífera es la facilidad con
que ahora se extrae el oro, por medio de lixiviación con
cianuro.
Consultado por Segundo Enfoque, Eduardo Mari
explicó en qué consiste esta técnica: “Se trata de la
disolución del oro contenido en las rocas por medio de
soluciones de cianuro de potasio, transformándolo en un
complejo cianurado, el que luego se descompone para recuperar
el oro. Estas metodologías permiten trabajar con bajas
concentraciones del metal, pero son riesgosas, pues luego
hay que destruir el cianuro -sustancia altamente tóxica-
y disponer los residuos de una manera segura, sin que en
muchos años entren en contacto con aguas que los puedan
disolver y dispersar, ya que los minerales pueden contener
también otros elementos tóxicos. El uso del cianuro
-producto importado- implica asimismo los riesgos de su
transporte desde los puertos de llegada hasta la zona de su
utilización, en cantidades de muchos centenares de toneladas
mensuales”.
Ese proceso, ha producido rechazo, por el peligro de daño al
medioambiente. La ciudad de Esquel, en la provincia argentina
de Chubut, por ejemplo, está siendo sede de amplias
manifestaciones opositoras a la explotación de la mina de oro
El Desquite por parte de la empresa Meridian Gold. Es que la
compañía utilizará cianuro en la extracción del metal y ha
generado la reacción de la población por temores de
contaminación ambiental. Aunque la Justicia ya falló a favor
de la realización del emprendimiento minero, el 23 de marzo
habrá una consulta popular en Esquel, donde la población dará
su veredicto. Pero la trascendencia nacional de la disputa, ha
puesto sobre la mesa en nuestro país, la metodología usada
en esta actividad.
Por su parte, José Cademartori, asegura que la flexibilidad
de las normas ambientales de países como Argentina y Chile,
hace que las grandes compañías de los países desarrollados
busquen instalarse en sus suelos, dado que en sus lugares de
origen deben cumplir con más y más fuertes requisitos para
cuidar el medioambiente.
“Ellos están sufriendo, especialmente Estados Unidos pero
también Canadá, la exigencia muy normal y justificada de
regulaciones ambientales, dado que la explotación de estos
minerales se hace a costos muy elevados por la contaminación
atmosférica que producen”, sostiene Cademartori en diálogo
con Segundo Enfoque, al tiempo
que agrega: “En Canadá, por ejemplo, las regulaciones son
muy estrictas”.
José Cademartori resalta que, en cambio, en países del
Tercer Mundo encuentran muchas facilidades en la legislación
sobre contaminación: “Esto está muy poco desarrollado en
nuestros países”, se queja. Además, conjetura que los
tratados de libre comercio que se han suscripto y se suscriben
con países como Canadá y Estados Unidos, son factibles de
incluir cláusulas que obligarían a indemnizar a las compañías
en caso de aumentarse los controles medioambientales.
Después
Los emprendimientos de las empresas en países como
Argentina tienen que ver con la extracción de los recursos
minerales no renovables que son exportados como concentrados,
sin procesar. Esto es lo que refleja Eduardo Mari, en el mismo
artículo en Realidad Económica: “Con pocas excepciones,
estos proyectos apuntan a la extracción de rocas que
contienen oro que se exportan en forma de concentrados para
luego recuperar el oro contenido en otros países (Australia,
Canadá, Estados Unidos)” (ver aparte).
De esta forma, Argentina se pierde de emplear mucha más
gente, dado que el procesamiento de los metales se da en los
países centrales, muchas veces, de donde provienen las compañías.
Mari, concluye: “Se llega (...) a la paradoja de que la
Argentina se está transformando en un país aurífero, que
debe importar el oro que necesita”.
La euforia de la minería privada en Chile está
cesando, según Cademartori: “Cuando llega una compañía
transnacional e instala sus equipos, construye sus plantas y
demás, en un primer momento de auge, en la etapa de la
construcción, se produce una sensación de bienestar”
–reconoce, pero es terminante con el después: “Luego, una
vez que ya empieza la producción como tal, estas compañías
reducen drásticamente el personal, operan hoy en día con
sistemas automatizados muy complejos, de manera que la
cantidad de personal que mantienen en sus plantas es mínimo”.
“Nosotros hemos vivido también un boom”, advierte desde Chile, Cademartori. “Cuando termina la
explotación de un mineral, (...) se produce el despoblamiento
de los pueblos mineros, de las localidades donde estaban
instaladas las compañías. Cuando ellos se van no dejan
ninguna otra fuente de trabajo, de tal manera que la zona, una
vez que se ha hecho la explotación, va a caer en una
decadencia muy grave”, asegura. Arriba
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