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RECURSOS PROHIBIDOS EN EL ACCIONAR POLICIAL Tiros
oficiales, balas ilegales
Se confirma
que el policía que asesinó a los tres jóvenes en Floresta en
diciembre último tenía en su arma municiones para la caza, de uso
vedado. No sería el único y se trataría de una metodología común
en toda la institución, reconocen entre los uniformados. Por
Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar
El joven Diego Peralta apareció muerto en una tosquera, desató
la furia de los vecinos y abrió otra grieta en la reputación
de la policía bonaerense. Los asesinatos de Maximiliano
Kosteki y Darío Santillán, el miércoles 26 de junio por
parte de la misma fuerza, habían puesto bajo la lupa una
institución ligada en los últimos años a negocios turbios y
muertes que la alejaron de ser “la mejor policía del
mundo”, como la llamó Eduardo Duhalde cuando comandó la
provincia.
Ahora, la Policía Federal tiene que explicar no sólo el por
qué del “gatillo fácil” o de los secuestros exprés sino
por qué utiliza munición prohibida por la legislación
nacional e internacional en sus procedimientos. El último sábado
de diciembre pasado, el suboficial Juan de Dios Velaztiqui mató
a tiros a Cristian Gómez (23), Adrián Matassa Van Eek (23) y
Maximiliano Tasca (25) en una mesa de bar en la Capital
Federal. En el expediente judicial figura con claridad que en
el cargador se encontraron tres balas con la punta hueca.
Sandra Bravo, encargada del minibar, contó a la Policía el
hecho tal y como lo presenció, y su testimonio fue clave. Por
otro lado, los peritos de parte Mariano Castex y Oscar Velásquez,
respecto del estado mental del imputado en el momento del
crimen, concluyeron: “Sí pudo comprender la criminalidad
del acto y sí pudo dirigir sus acciones”. No hay lugar
entonces para la inimputabilidad, el ardid de la defensa para
liberar a Velaztiqui, que ha estado detenido en Marcos Paz,
con una incipiente ceguera.
Ante un pedido de informes hecho por el Defensor adjunto de la
Ciudad de Buenos Aires, Gustavo Lesbegueris, el Comisario
General Roberto Giacomino dio la cara por los uniformados. A
modo de agencia privada pero desde el Estado, la Policía
“vende” seguridad a través del Servicio de Policía
Adicional. Vuelven al ejercicio Oficiales Subalternos,
Suboficiales y Agentes retirados. Para ello, deben pasar por
controles físicos y por un examen de aptitud psicológica,
que se repite anualmente. El minibar había solicitado este
servicio, y le habían designado a Velaztiqui.
¿Excesos?
Lesbegueris y los abogados de la querella podrían solicitar,
a su vez, otro informe en poco tiempo, porque consta en el
expediente que el arma reglamentaria homicida –una nueve milímetros-
tenía tres balas con sus “puntas huecas”. Según los
expertos, este tipo de municiones no pueden ser usadas por
fuerzas de seguridad, pues están prohibidas por la legislación
nacional e internacional porque causan mucho mayor daño.
La ley 20.429 –de Armas y Explosivos-, cuando se refiere a
“armas, materiales y dispositivos de uso prohibido”, las
considera como “munición de proyectil expansivo”. La
descripción es la siguiente: “Con envoltura metálica, sin
punta y con núcleo de plomo hueco o deformable, es un
proyectil con cabeza chata, con deformaciones, ranuras o estrías,
capaces de producir heridas desgarrantes en toda otra
actividad que no sea la caza y tiro deportivo”.
Existe la posibilidad de que hayan sido balas comunes
“remodeladas” por el propio Velaztiqui. Los especialistas
manifiestan que es habitual entre los policías retocar las
municiones con este fin. Desde la Superintendencia Científica
de la Policía Federal, particularmente en la División de Balística,
cuando se apaga el grabador, se admite que aunque está vedado
su uso, igualmente los efectivos emplean con asiduidad ese
tipo de municiones, ya sea originales, o moldeadas por ellos
mismos. “Muerden el plomo, lo rascan con un cúter o con un
clavo, o hasta lo cortan dándole una forma cónica en vez de
redondeada, que produce el mismo efecto”, cuentan entendidos
de la propia fuerza.
Sin embargo, voceros de la Policía Federal sostienen
oficialmente la ilegalidad de esta metodología: “Las balas
de punta hueca son de uso prohibido, tanto por las leyes
locales como por el Tratado de Ginebra”. De todos modos,
ellos reconocen que aunque se revisan el armamento y las
municiones, no pueden controlar que cada efectivo no modifique
las municiones reglamentarias. “Hay de todo en las
instituciones, pero también los componentes de la institución
saben que cuando llegue el momento de enfrentarse a la
Justicia nadie los va a proteger”, concluyen allegados
Giacomino.
Aquella noche de diciembre, Velaztiqui no alcanzó a utilizar
estas municiones, pero su presencia en un revólver del
personal oficial habla, o bien de fallas gravísimas en los
controles de las fuerzas de seguridad, o bien de excesos en la
represión. Si para vigilar cuatro mesas en un bar se usa
munición prohibida, no extrañan las muertes de los que se
atrevan a cortar una ruta. Arriba
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