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La traición: el "chivo" en la prensa
argentina
Por
Segundo Enfoque
El
límite entre periodismo y publicidad ha dejado de ser difuso
para no existir más. Por lo menos, así ocurre con los
profesionales de la comunicación y con los medios comerciales
a los que no les alcanza con llenar grandes segmentos de
avisos para subsistir y ganar dinero: también visten de
noticia cualquier anuncio y tienden al público una trampa de
engaño, llamada “chivo”.
Aclaración: esta mirada no desconoce que carece de valor para
los muchos mercenarios de la pluma que pululan por el espectro
de medios actual en Argentina. Si pueden participar de
operaciones burdas y confabularse con cuanta empresa o
gobierno se les presente, claro que no repararán en evitar
“chivos”.
Ignoramos quién empleó por primera vez este mecanismo
(¿trivial?) para obtener beneficios. Hay periodistas que
obtienen pequeños placeres personales de parte de alguna
empresa a cambio de escribir sobre la salida de un nuevo
producto (que no les hubiese interesado de ningún otro modo);
hay propietarios de medios de comunicación que hacen lo mismo
a mayor escala, y a cambio de algún favor más grande.
De esta forma, muchos periodistas a priori de buena fe, que
los hay en los medios comerciales, establecen -mediante este
procedimiento- un código entre sí, que ninguno parece animarse
a desatender por mandato corporativo. ¿Desconocen la traición
hacia el público en que incurren o simplemente la desestiman
como un atentado menor en una profesión repleta de vicios?
Cualquiera sea la respuesta a este interrogante, lo que
preocupa es el no-cuestionamiento de la mayoría sobre esta
práctica, pasividad producto de la “naturalización” del chivo,
que parece estar predestinado a quedarse en las radios, la TV,
o en las páginas de diarios.
Segundo Enfoque,
como medio de comunicación que no tiene publicidades pagas, no
deja de conocer este (como mínimo) desagradable hábito de la
mayor parte de la prensa tradicional. Quizás sea un tema de
importancia menor -en comparación con la estructural
concentración de los medios y con otros reales flagelos hacia
la libertad informativa- pero no deja de ser un evitable
agregado más a la manipulación generalizada de lectores,
oyentes o televidentes. Arriba
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