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20º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE ARTURO ILLIA

Uniformes color petróleo

Por Jesica Bossi

Empezando por el golpe de Estado a Hipólito Yrigoyen en 1930, los derrocamientos de los gobiernos de Ramón Castillo, Juan Domingo Perón, Arturo Frondizi y Arturo Illia tuvieron sabor a “oro negro”. El petróleo, recurso estratégico, se convirtió en un elemento de presión política.
En su programa de gobierno, Arturo Illia incluía, entre otros puntos, eliminar la desocupación, aprovechar plenamente todos los factores productivos, defender el valor de la moneda, anular los contratos petroleros con empresas extranjeras, buscar nuevos mercados sin exclusiones ideológicas, reafirmar la política americanista del radicalismo.
Muchas de las promesas de campaña se tradujeron en hechos concretos, inclusive las más polémicas. Así lo relata el ex presidente, en uno de sus últimos reportajes, en el diario Clarín: “
Al mes y pico de haber asumido, el 17 de noviembre de 1963, anulamos los contratos petroleros. Eso fue un viernes, y el sábado me dicen que el embajador de Estados Unidos quería entrevistarse conmigo. Poco después, el doctor Zavalía Ortiz (canciller) me dice que el presidente Kennedy quería que recibiera un enviado especial del gobierno norteamericano. Dije que sí y llegó Averel Harriman (...) que me dijo: ‘El presidente Kennedy cree que un convenio firmado por dos partes, de estas características, no puede ser anulado por una’. Yo le contesté: ‘Sí, eso es verdad, pero éste no es un convenio que pueda regirse por el derecho público y pagaremos las justas indemnizaciones a las respectivas compañías’”.
Días después, en una conferencia de prensa en Miami, a John F. Kennedy le preguntaron sobre la cancelación de los contratos petroleros y las relaciones con la administración argentina. “El gobierno argentino ha firmado ese decreto, entendiendo que así defiende la soberanía política y económica de su país. Está dispuesto a indemnizar a las empresas con justicia, por lo que entiendo que es un problema terminado”, declaró el presidente estadounidense.
Sin embargo, la decisión de romper con los compromisos asumidos por su antecesor Arturo Frondizi, originó fuertes críticas de algunos sectores, especialmente los liberales, y fue un móvil crucial en los planes del golpe. En ese sentido, Felix Luna explica: “Illia (...) se encontró frente a una dura disyuntiva: cumplir con lo proclamado en las tribunas partidarias y frustrar una política que había traído ventajas indiscutibles; o rectificar sus compromisos electorales y mantener la continuidad de un régimen cuyos beneficios quedarían tácitamente reconocidos”. Y agrega: “No pudo sobreponerse a las promesas de su oratoria electoral. Decidió anular los contratos por decreto, con alborozo de su partido (...) Esta fidelidad costó al país entre 120 y 200 millones de dólares en concepto de indemnización a las compañías extranjeras afectadas y un vertiginoso descenso en la producción de petróleo”. Muchos detractores de la cancelación de los contratos argumentan que el principal perjuicio es que favoreció la importación de hidrocarburos en desmedro del autoabastecimiento productivo.
Por su parte, Rogelio Frigerio, dirigente político desarrollista y asesor de Frondizi, asegura: “A partir de la firma de los contratos, la política petrolera del gobierno desarrollista fue objeto de las más extraordinarias críticas, al punto de constituir el eje de campaña de las elecciones que siguieron al derrocamiento del doctor Frondizi. Por entonces se afirmaba que los contratos constituían la expresión de la ‘entrega’ y los ‘negociados’ de los que se responsabilizaba a Frondizi y a Frigerio”. Asimismo, para Frigerio, los nacionalistas y la izquierda que consideraban a los contratos petroleros lesivos para la soberanía nacional, olvidaban algo central: “A los fines del desarrollo del país, no importaba (ni importa) el origen del capital sino su destino, es decir, a qué actividades se lo ligaba y si ellas quebraban o no las estructuras que encorsetaban la economía e impedían el camino hacia su expansión total”.
Lejos de los planteamientos de la administración de Illia, las dos últimas dictaduras militares entre 1966 y 1973 y entre 1976 y 1983 tendieron a desnacionalizar la producción petrolera. Esta política se profundizó con la privatización de la compañía estatal YPF y la desregulación de los hidrocarburos durante la gestión de Carlos Menem.
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Un presidente, el cambio y el atropello

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