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UNA MIRADA DE LA HISTORIA
MINERA ARGENTINA
Hubo vida antes del
boom
Un paseo por los libros de historia de la minería
nacional, muestran que hubo otra política hacia el sector.
Hubo momentos en que el Estado encabezaba proyectos de
exploración y también explotaba recursos que las industrias
locales consumían. Un retrovisor en los inicios del siglo XXI,
cuando todo es distinto.
Por Jairo Straccia
jstraccia@segundoenfoque.com.ar
La historia de la geología y la minería
argentina está siendo escrita. Un grupo de científicos del
Servicio Geológico y Minero Argentino (SEGEMAR), órgano autárquico
del gobierno nacional encargado de los estudios en la materia,
está en plena recopilación de datos. En un documento del
ente, de diciembre de 2002, se hizo una convocatoria inicial
en busca de investigadores que pudiesen aportar su labor a
esta tarea[i].
Hoy, en tanto, el conocimiento sobre el desarrollo minero
argentino cuenta con dos aportes fundamentales. En primer
lugar, se encuentra el texto de Victorio Angelelli, del año
1962, "Recursos Minerales de la República
Argentina", que al comenzar contiene una "Reseña de
la historia del desarrollo de la minería argentina"[ii]. El otro trabajo de
jerarquía tiene la firma del geólogo consultor Vicente Méndez,
bajo el título "Historia del desarrollo minero
argentino"[iii].
Forma parte, también, de la introducción de un libro homónimo
al que incluyó el texto de Angelelli, en este caso, editado
por Eduardo Zappettini en 1999.
Ahora que el Gobierno argentino acaba de lanzar su Plan Bienal
2004-2005, destacando que Argentina es un “país con minería”,
vale la pena observar el comportamiento de los distintos
sectores a lo largo del tiempo, para contextualizar distintas
medidas del presente.
Lo que encontró Colón
En lo que más tarde sería el continente americano, los Incas
en el Perú y lo Aztecas en México tuvieron dominio del oro,
la plata y el cobre, según queda a la luz en los objetos que
se han recolectado por la zona. Restos de utensilios y armas,
muestran el lugar ocupado por la minería precolombina. Se
comprobó una fuerte explotación del litio, utilizado para
las puntas de las flechas, las hachas, y en algunos casos para
las boleadoras, especialmente en las zonas de las actuales
Ensenada, Luján y Esperanza, en la provincia de Buenos Aires.
Esto se entiende porque predominaban tribus nómades y
cazadoras.
La Corona Española desenvolvió en América una intensa búsqueda
y explotación de la plata, un metal muy codiciado que era
patrón monetario. Los informes de viajeros y las cartas que
escribían desde la tierra recién hallada –en algunos casos
llenas de exageraciones y fantasías- hacia el viejo
continente, indican cuán maravillados estaban los que primero
pisaron tierra firme y avizoraron las riquezas minerales.
"Habiendo sido las especies el móvil al que se atribuyó
el descubrimiento, fueron en realidad las fabulosas riquezas
en metales nobles que se hallaron en poder de los indígenas
el motor que impulsó la conquista de nuestra América",
comienza su recuento Angelelli, sin rodeos.
Un rol preponderante, se sabe, tuvieron en la conquista los
representantes de la Iglesia Católica, que contribuyeron con
la propagación del catolicismo al sometimiento de pueblos
originarios de la región. Sin embargo, ha sido poco difundido
su imprescindible papel en la consecución directa de los
tesoros metalíferos que poseían los aborígenes.
Hacia 1650 llegaron al país las Misiones Jesuíticas para
quedarse hasta la disolución de la Orden, en 1773. Según
explica Méndez, numerosas minas de oro y plata de Salta,
Jujuy y Catamarca fueron explotadas por estos enviados de la
Iglesia.
Especialmente, los Jesuitas fueron importantes porque eran los
únicos capaces de averiguar el lugar donde se escondían los
tesoros. Un trato confidencial y el trabajo constante de
evangelización llevaron a los religiosos a penetrar en la
ideología y en las costumbres de los nativos, que confesaron
con precisión la ubicación de minas de gran valor. En los
casos donde los indígenas eran reacios al trueque de
"información por religión", el asunto se resolvía
por la fuerza.
Minería tras la independencia
Oro y plata. Esos fueron los intereses mayores a los que se
volcó la minería argentina durante el siglo XIX, por lo
menos en sus primeros cincuenta años. Ya fueran capitales
locales o extranjeros, varios empresarios se embarcaron en
proyectos de dificultosa realización, y el resultado no fue
el mejor.
En el marco de un país en auge agroexportador, donde se suponía
que todo lo que se sembraba hacía brotar grandes riquezas, y
tras tres siglos de explotaciones de los mismos minerales de
manera incesante, la extracción de oro y plata se fue
aplacando.
Angelelli interpreta en su trabajo el por qué del poco vuelo
de estas empresas: "A la falta de conocimientos técnicos,
mala administración, revoluciones, guerras civiles, etc., se
atribuyeron estos fracasos; (...) sin embargo, es verosímil
que haya sido la caída de precios en los mercados exteriores
el factor que motivó la declinación". Sin embargo,
estas condiciones no impedirían que algunos sectores del
poder político y económico engendraran los primeros
“manejos turbios” en el ámbito de la minería argentina
(ver aparte).
Años más tarde se produciría un viraje dentro de los
intereses mineros del país, que se abrirían también a otros
minerales metalíferos de envergadura. Durante la segunda
mitad del siglo XIX, la actividad minera se orientó hacia la
explotación del cobre y el plomo. En este contexto, se
insertan los trabajos realizados en los distritos de El Salado
(provincia de La Rioja), Capillitas (Catamarca) y Virorco (San
Luis).
Los últimos años del siglo XIX evidenciaron un
moderado auge minero. Al progresivo interés de profesionales
por la geología, el Estado también sumó su inquietud y
comenzó a desarrollar sus propias herramientas de investigación.
En 1886, una herramienta legal fundamental tomaba forma: el Código
de Minería de la Nación. Entró en vigencia el primer día
de mayo del año siguiente. De esta manera, se cumplió con el
mandato de la Constitución sancionada en 1853, que exhortaba
a la redacción de varios códigos, entre ellos el que regiría
la actividad minera. Así, la minería argentina tuvo un marco
general que prepararía el terreno para la centuria siguiente.
Siglo XX: la minería y las guerras
Antes de la Primera Guerra Mundial, varios sectores de la
minería tenían un gran impulso debido a las condiciones
externas. Mas el propio estallido del conflicto bélico se
encargó de poner freno a este ímpetu. Como contrapartida,
los países beligerantes dejaron de exportar materias primas
minerales que la Argentina requería, por lo que su sustitución
en el ámbito local no tardó en llegar.
Por estos motivos, aumentaron notablemente las solicitudes y
consultas mineras en el país, así como los pedidos de análisis
de minerales, rocas, aguas, carbones y petróleos.
En tanto, con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, se
produjo un quiebre. El interés por la minería local comenzó
a acrecentarse. Sucedió en Argentina la aparición de nuevas
explotaciones que vinieron a sumarse a las que habían podido
mantenerse dentro de la minería de los metalíferos y
no-metalíferos.
De esta manera, tomó fuerza la explotación del mineral de
hierro en la sierra de Zapla (provincia de Jujuy) y el Estado
Nacional encabezó la explotación de azufre en el Norte del
país, fundamentalmente en la puna salteña, y también en
Mendoza. La Dirección de Minas y Geología pasó a depender
en esos años de la Secretaría de Industria.
También el auri-manganífero distrito de Farallón Negro en
Catamarca, a través de la empresa provincial Yacimientos
Mineros Agua de Dionisio (YMAD), y el distrito de Sierra
Grande, en Río Negro, por otro lado, avanzaron en su
desarrollo, entre otros proyectos en varias latitudes.
La Dirección de Minas y Geología, el Banco de Crédito
Industrial Argentino y la Dirección General de Fabricaciones
Militares (DGFM), tomaron la iniciativa en minería para
abastecer de materias primas minerales a la industria local,
ante un mercado mundial destruido por la guerra. Por esos días,
el sector privado se mantenía en su mayor parte al margen.
Un país minero
En la historia argentina, la minería oficial ha sido
ejecutada por diferentes órganos nacionales y provinciales,
tanto en las franjas vinculadas a la prospección, exploración,
y a la explotación –ésta en menor medida- de los recursos
minerales.
En primer término, hay que mencionar la Dirección
General de Fabricaciones Militares, creada por la ley 12.709,
en 1941. Su nacimiento respondió a la necesidad de fomentar
el desarrollo industrial del país y se abocó a la expansión
de la industria siderúrgica pesada. Su importancia radicaba
en que abastecía a las fábricas e industrias del país.
También aportó avances a la investigación geológico-minera.
Además, se destacó por su participación en la explotación
ferrífera en la provincia de Jujuy, y de azufre en la puna
salteña. A su vez, promovió un ambicioso programa de
aprovechamiento de reservas de hierro en Sierra Grande. En la
actualidad esta repartición del Estado no existe más, tras
la reforma del sector público realizada por la administración
de Carlos Menem.
Por otro lado, para encarar el proyecto de Río Turbio, se creó
la Dirección General de Yacimientos Carboníferos Fiscales (DGYCF), en la
provincia de Santa Cruz. A raíz de los traspasos del sector público
al privado de la explotación de este criadero mineral, esta
dependencia dejó de existir.
En tanto, en la década del 50 nació la Comisión Nacional de
Energía Atómica (CNEA) que encararía hasta hoy estudios de
prospección e incluso el procesamiento de productos uraníferos.
La DGFM, CNEA y la Secretaría de Minería encararon diversos
proyectos entre 1960 y fines de los 70, apuntando a la
exploración y explotación del territorio argentino. Con este
fin, se lanzaron numerosas iniciativas regionales, como
resultado en algunos casos de convenios de la Nación con las
provincias o con organismos internacionales. Entre ellos, el
Plan Cordillerano (1963-1968), el Plan Cordillerano Centro
(1968-1969), el Plan La Rioja (1966), el Plan NOA I Geológico
Minero (1969-1975), el Plan Mendoza (1973-1979), la exploración
del depósito Bajo de la Alumbrera (empezó en 1974), entre
muchos otros.
Minería en el cambio de siglo
A la salida de la dictadura militar 1976-1983, la
Argentina se encontraba como muchos de los otros países
latinoamericanos, reencontrándose con la vida democrática.
En ese marco, la necesidad de fortalecer las instituciones, la
investigación sobre las violaciones de los derechos humanos
conculcados por el gobierno anterior y fuertes problemas económicos
–de la mano de una crecida deuda externa- relegaron a las
labores mineras tanto estatales como privadas.
Por esto, quizás no sea de extrañar, que la década del
ochenta no fuera objeto de atención para los historiadores de
la minería. Por algunos denominada la "década
perdida", aquellos años no presentaron mayores novedades
en cuanto a la actividad minera, salvo la conclusión de
varios de los planes comenzados en décadas previas.
Ni el sector público ni el privado decidió en esos
tiempos ir a fondo en la minería argentina. Desde el gobierno
de Carlos Menem, la presencia del Estado en la materia, ha
quedado reducida al control y la auditoría de la inversión
privada en el sector. En tanto, en explotación, sólo hay
compañías provinciales, como Yacimientos Mineros Agua de
Dionisio (YMAD) y Fomento Minero de Santa Cruz (FOMICRUZ), que
tienen participación minoritaria en proyectos de
multinacionales.
De esa forma, los años '90 y los primeros momentos del siglo
XXI, encuentran otra historia: auge en la explotación de
recursos minerales metalíferos por parte de las grandes compañías
mineras del planeta. La exaltación de empresarios y políticos
de este presente, exige una mirada hacia atrás.
[i]
"Convocatoria a participar en la elaboración del
libro Historia de la geología en la Argentina".
Boletín del Servicio Geológico Minero (SEGEMAR). Buenos
Aires. (Diciembre 2002).
[ii] Angelelli, V. “Recursos Minerales”.
Consejo Federal de Inversiones (CFI). Buenos Aires. 1962.
[iii] Méndez, V. "Historia del desarrollo
minero argentino". "Recursos Minerales de la República
Argentina" (Ed. E. O. Zappettini), Instituto de
Geología y Recursos Minerales SEGEMAR. Buenos Aires.
(1999).
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